Franz Kafka – Carta al padre (fragmento)
Queridísimo padre:
Hace poco me preguntaste por qué digo que
te tengo miedo. Como de costumbre, no supe darte una respuesta, en parte
precisamente por el miedo que te tengo, en parte porque para explicar los
motivos de ese miedo necesito muchos pormenores que no puedo tener medianamente
presentes cuando hablo. Y si intento aquí responderte por escrito, sólo será de
un modo muy imperfecto, porque el miedo y sus secuelas me disminuyen frente a
ti, incluso escribiendo, y porque la amplitud de la materia supera mi memoria y
mi capacidad de raciocinio. A ti la cosa siempre te ha resultado muy sencilla,
al menos en la medida en que has hablado de ella delante de mí y delante
-indiscriminadamente- de muchos otros. Tú piensas más o menos lo siguiente: has
trabajado a destajo tu vida entera, lo has sacrificado todo por tus hijos, muy
especialmente por mí, lo que me ha permitido vivir «por todo lo alto», he
tenido completa libertad para estudiar lo que me ha apetecido, no tengo motivos
de preocupación en cuanto al pan de cada día, o sea, no tengo motivo alguno de
preocupación; tú no has exigido a cambio gratitud, conoces «la gratitud de los
hijos», pero sí al menos una cierta deferencia, alguna que otra muestra de
simpatía; en lugar de eso, yo siempre me he escabullido de tu presencia,
refugiándome en mi habitación, en los libros, en amigos chalados, en ideas
exaltadas; nunca he hablado abiertamente contigo, nunca me he puesto a tu lado
en el templo, jamás te he ido a ver a Franzensbad , ni en general he tenido
nunca espíritu de familia, no me he ocupado de la tienda ni de tus demás
asuntos, te he endosado la fábrica2 y después te he dejado plantado, a Ottla la
he apoyado en su caprichosa testarudez y mientras que por ti no muevo un dedo
(ni siquiera te traigo entradas para el teatro), por los amigos lo hago todo.
Si resumes lo que piensas de mí, el resultado es que no me echas en cara nada
propiamente inmoral o malo (a excepción tal vez de mi último proyecto
matrimonial), pero sí frialdad, rareza, ingratitud. Y me lo echas en cara de
una manera como si fuese culpa mía, como si yo hubiese podido cambiarlo todo
con sólo dar un giro al volante, mientras que tú no tienes la menor culpa, como
no sea la de haber sido demasiado bueno conmigo…
Dylan Thomas
No entres dócil en esa buena noche
No entres dócil
en esa buena noche,
La vejez debe arder y delirar al acabarse el día;
Rabiar, rabiar contra la muerte de la luz.
Aunque los sabios
en su fin entienden que la oscuridad es justa,
Pues sus palabras no espigaron rayo alguno,
No entran dóciles en esa buena noche.
Los hombres buenos,
cercana ya la última ola, gritando cuán brillantes
Sus frágiles hazañas podrían haber danzado en un verde remanso,
Rabian, rabian contra la muerte de la luz.
Los hombres
fieros, que al sol en vuelo capturaron y cantaron,
Y entienden, tarde ya, que al mismo tiempo lo lloraban,
No entran dóciles en esa buena noche.
Los hombres
graves, que cerca de la muerte ven con deslumbrante claridad
Que los ojos ciegos pudieron relumbrar cual meteoros y estar vivos,
Rabian, rabian contra la muerte de la luz.
Y tú, padre mío,
allá en tu triste altura,
Maldice, bendíceme ahora con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócil en esa buena noche.
Rabia, rabia contra la muerte de la luz.
CHARLES BUKOWSKI
" MI PADRE "
era un hombre ciertamente asombroso
creía ser
rico
aunque vivíamos de frijoles y gachas y naderías
cuando nos sentábamos a comer, él decía,
"no todo el mundo puede comer así".
y porque deseaba ser rico o porque él realmente
pensaba que lo era
siempre votó por los Republicanos
y votó por Hoover contra Roosevelt
y perdió
y entonces votó por Alf Landon contra Roosevelt
y de nuevo perdió
diciendo, "no sé a dónde va el mundo,
ahora tenemos a ese maldito Rojo de nuevo allí dentro
y los rusos estarán en nuestro patio después!"
pienso que fue mi padre quien me decidió a
volverme un vago.
decidí que si un hombre así deseaba ser rico
entonces yo quería ser pobre.
y me volví un vago.
vivía de calderilla y en cuartos baratos y
en los bancos de los parques.
pensaba que tal vez los vagos supieran algo.
pero hallé que muchos vagos querían ser
ricos también.
simplemente habían fracasado en eso.
así que atrapado entre mi padre y los vagos
no tuve sitio al cual ir
y allá fui entre rápido y lento.
nunca voté por los Republicanos
nunca voté.
lo enterramos
como una rareza de la tierra
como cien mil rarezas
como millones de otras rarezas,
malogradas.
Cuando mi padre comía -Charles Bukowski
Cuando mi padre comía
se le ponían los labios
grasientos
con la comida
y mientras comía
hablaba de lo
buena que era la comida
y de que
la mayoría de la gente
no comía
tan bien
como nosotros.
Le gustaba
rebanar
las sobras
del plato
con un trozo de
pan,
mientras hacía
ruidos de aprobación
que más bien parecían
gruñidos
sorbía el
café,
haciendo un ruido
fuerte
de burbujas
y después
dejaba
la taza.
“¿Qué hay de postre,
gelatina?”
Mi madre
la traía
en una fuente grande
y mi padre
la servía
y al caer en el plato
la gelatina producía
un ruido extraño,
casi como
el sonido de un
pedo.
Después venía
la crema batida,
a montones
sobre la gelatina.
“¡mmm, gelatina y
crema batida!”
mi padre sorbía de
la cuchara
la gelatina y la crema
batida.
Sonaba como si
estuviera entrando en
un túnel
aerodinámico.
Después de terminar
eso
se limpiaba la boca
con una enorme servilleta blanca,
frotando con fuerza
en movimientos
circulares,
la servilleta
casi le ocultaba
toda
la cara
y después de eso
sacaba
los cigarrillos
Camel.
Encendía uno
con un fósforo de cocina
de madera,
y después dejaba
el fósforo
aún encendido
en un cenicero,
después un sorbo
de café,
volvía a dejar la taza
y daba una buena calada
al Camel.
“¡mmm, que buena
estaba la comida!”.
Poco después
en mi cuarto,
tumbado en la cama
a oscuras,
lo que había
comido
y lo que había
visto
conseguían
ponerme
enfermo.
Lo único
bueno
era
escuchar
los grillos
afuera.
Afuera
en otro mundo
en el que yo
no vivía.
Elena Anníbali
Del libro Curva de remanso –
estoy seca, padre? dejé de amarte o la
muerte es
un soltadero de manos?
te amé alguna vez? esperé de vos, esperé
con alegría que llegaras del trabajo, o ya tenía, de nena,
el corazón seco como una rama?
me viste flotar, crecer en una miseria chiquita, me viste
ejercer, con determinación, la tristeza la mugre
el piojo, y nada se partió en luz hacia mí? nada
vino, fue mío, no fui
tu honra, padre?
desperdiciaste tu sangre? esas horas frente
al sol de noche, conmigo, a solas, las perdiste?
sentís que las perdiste? que yo era una cosa, digamos,
una cosita? como una maceta, un yuyito, el fantasma
que en fuegos, de noche, arrancaba en las lagunas
y se perdía, etéreo, en las cortinas,
en el alto y negro laurel donde posaban
las bandadas
alguna vez, mirándote a los ojos, me ofrecía a vos, te llamaba
desde lejos, diciéndote papá, papito, mírame, levantame
de este plato hondo de la amargura, dejá que sea
la criatura de tus sueños, el jardín de las delicias,
la flor de los cerezos en la boca del monstruo
algo no cuajaba en tu amor, se iba o era débil:
me penabas al rincón cuando, en el verano, me asoleaba,
buscaba bichitos, tropezaba en las latas
me hacía amiga de la sombra
estoy seca? nací seca para vos, por vos?
cómo hubiera sido encontrarte, llamarte
como un fuego en la noche y que vinieras
donde yo alzaba mi corazón entre los trapos
padre dormido, ves cómo soy?
padre dormido, estoy acá, ves cómo soy?
ves, ahora, cómo soy, si te amé o cuánto o cómo?
lo ves, lo ves,
papá,
papito?
Fabián casas
Cancha rayada
Caminamos, con mi viejo, por la playa de
estacionamiento.
Es un día de calor sofocante,
y en el asfalto recalentado
vemos la sombra de un pájaro negro
que vuela en círculos,
como un satélite de nuestra desgracia.
Una multitud victoriosa, a nuestras espaldas,
ruge todavía en la cancha.
Acabamos de perder el campeonato.
La cabina del auto es un horno a leña;
los asientos queman y el sol que pega
en el vidrio enceguece.
Pero no importa, como dos bonzos
dispuestos a inmolarse,
nos sentamos y enciendo el motor:
Fabián Casas y su padre
van en coche al muere.
Martín Rodriguez
Sin título
Papá está dormido
en el baul de un auto viejo
ayer lo abrió para dormirse ahí borracho
y volaron polillas, se chocaban
contra las ventanas
de la iglesia,
me dio un calentador y una botella
con un trapo en la boca
-mantenete caliente que es de noche y va a llover, ya sos grande
dijo.
con los brazos caídos papá
pareces una bolsa de papas o un toro
¿vos construiste edificios?
¿la corteza dura de las casas piedra sobre piedra?
no llego a vos
estás alto, la armadura reluce
como una estrella fría.
eras del ejercito alemán
tu sonrisa saludando desde arriba
de un Panzer a espaldas deuna ciudad destruída,
mirada seria a cámara
en las manos el diploma de abogado,
fotos llenas de niebla en cajas viejas.
de noche en casa
pasabas una gasa con alcohol puro
a las botas negras, el cigarrillo prendido en los labios
-esto da brillo- decías
el revolver en el bolsillo del saco.
dormido papá es un auto viejo
la gran industria la política la familia
rompió y soldó lo roto adentro suyo
un perro que nunca corrigió su ternura
bueno
acurrucado en el baúl:
que no te moje la lluvia
voy a buscar un toldo para cubrirnos
calentate, el frío llega a los huesos
y se queda ahí.
Carlos Battilana
Parrilla
Sobre el fin de la calle
rumbo al cuartel
hay un asador:
es verano
pero corre una pequeña
brisa.
Mi padre
mi madre
nuestros hermanos
disfrutan de la cena
familiar
al aire libre.
No hay nada que temer
estamos abrazados por el campo
el mundo acontence en este punto
minúsculo del universo. Tengo
seis años. Conozco
todo
lo que me circunda.
Somos libres
en el lugar.
Mi padre es feliz;
se rodea de sus hijos
de su mujer
tiene información suficiente
para proveernos
durante algunos años:
axiomas, libros, narraciones
de adolescencia.
Ahora que
su muerte es fresca
y reciente, recreo el instante
en que mi padre
distribuye la carne,
las achuras, las ensaladas
en derredor.
Mi madre lo roza con los ojos
y deliberadamente
lo deja hacer
deja que su fuerza crezca
allí, en ese punto
minúsculo del universo.
Mi padre muere.
Aturdidos por el trabajo
creemos que el mundo
es estable.
Algo hacemos
para salir
de lo Oscuro
y buscamos
con sordidez
otra vez
las horas
contadas
recogemos oxígeno
de donde sea
y así
exorcizamos
con palabras
lo que resulta ruinoso. El mercado
el tráfago las personas
que besamos a diario
“nos contienen”. Desbandados
no somos nadie,
errabundos del sistema
arrancamos con manos
callosas los pedazos
de un Ser que es un Río
lleno de imágenes acuosas.
Al fondo
el vidrio de un edificio
que absorbe
la luz de las 6
de la tarde
-congelada, invernal-
probablemente
nos mira. Escruta
con alguna oportunidad
nuestros pequeños pasos.
Dioses
Cenamos. Mi
padre, mi madre
arman con palos y ramitas
un jardín secreto.
Han huido de la
gran Ciudad
y se han detenido
al costado de un Río.
Lo verde del paisaje
les resulta
completamente extraño,
pero no se quejan.
El deseo de los días a venir
consume
sus nuevas horas. Anochece.
Hay un fresquito
que contrasta
levemente
con el sol del día. Mi padre
nos dice
que vamos a dar una vuelta
en el auto. Dejamos
los platos
con restos de comida.
Es una de las cosas
que más me gusta:
pasear, “dar una vuelta”
por el pueblo.
Mis padres
son fuertes
toman oscuras decisiones
y se llenan, poco a poco,
de algunas certezas. Alejados
del centro
y de la pasión
de sus propios ancestros
fundan un nuevo mundo.
Pronuncian palabras para Siempre
celebran ritos construyen
símbolos
rezan en voz alta
oraciones profanas
se tocan los cuerpos
se toman de la mano
se protegen
con el alimento
de su propia mitología.
Washington
Cucurto
El hombre con la
cara del Che
Él se tatuó al Che en el hombro
cuando nadie se tatuaba nada
ni siquiera todos conocían al Che.
Cuando eso ocurría, él se lo tatuó.
¿Por qué te has tatuado al Che?
le preguntaba mi abuela.
Eso hacen los hombres que salen de la cárcel,
decía ella.
“Y qué crees vos, madre, que es esta vida que vivimos
sino una gran cárcel”.
Cuando nadie se tatuaba nada, él
se tatuó al Che en el Hombro
siglos antes de que el Che fuera el Che;
un hombre hizo eso antes
de que todo esto sucediera.
Hoy, un día antes de navidad,
lo llamo para desearle felices fiestas.
Me atiende completamente borracho.
Feliz de escucharme y a la vez
me dice algo acerca de la nieve.
“Vos sos un simulacro en la nieve”.
Mi padre ha vuelto a la bebida.

Sylvia Plath
ResponderEliminarPAPI
Tú ya no, tú ya no
Me sirves, zapato negro
En el que viví treinta años
Como un pie, mísera y blancuzca,
Casi sin atreverme ni a chistar ni a mistar.
Papi, tenía que matarte pero
Moriste antes de que me diera tiempo.
Saco lleno de Dios, pesado como el mármol,
Estatua siniestra, espectral, con un dedo del pie gris,
Tan grande como una foca de Frisco,
Y una cabeza en el insólito Atlántico
Donde el verde vaina se derrama sobre el azul,
En medio de las aguas de la hermosa Nauset.
Yo solía rezar para recuperarte.
Ach, du.
En tu lengua alemana, en tu ciudad polaca
Aplastada por el rodillo
De guerras y más guerras.
Aunque el nombre de esa ciudad es de lo más corriente.
Un amigo mío, polaco,
Afirma que hay una o dos docenas.
Por eso yo jamás podía decir dónde habías
Plantado el pie, dónde estaban tus raíces.
Ni siquiera podía hablar contigo.
La lengua se me pegaba a la boca.
Se me pegaba a un cepo de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich,
Apenas podía hablar.
Te veía en cualquier alemán.
Y ese lenguaje tuyo, tan obsceno.
Una locomotora, una locomotora
Silbando, llevándome lejos, como a una judía.
Una judía camino de Dachau, Auschwitz, Belsen.
Empecé a hablar como una judía.
Incluso creo que podría ser judía.
Las nieves del Tirol, la cerveza rubia de Viena
No son tan puras ni tan auténticas.
Yo, con mi ascendencia gitana, con mi mal hado
Y mi baraja del Tarot, y mi baraja del Tarot,
Bien podría ser algo judía.
Siempre te tuve miedo: a ti, a ti
Con tu Luftwaffe, con tu pomposa germanía,
Con tu pulcro bigote y esa
Mirada aria, azul centelleante.
Hombre-pánzer, hombre-pánzer, Ah tú…
No eras Dios sino una esvástica
Tan negra que ningún cielo podía despejarla.
Toda mujer adora a un fascista,
La bota en la cara, el bruto
Bruto corazón de un bruto como tú.
Mira, papi, aquí estás delante del encerado,
En esta foto tuya que conservo,
Con un hoyuelo en el mentón en lugar de en el pie,
Mas sin dejar por eso de ser un demonio,
El hombre de negro que partió
De un bocado mi lindo y rojo corazón.
Yo tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte intenté suicidarme
Para volver, volver a ti.
Creía que hasta los huesos lo harían.
Pero me sacaron del saco
Y me amañaron con cola.
Y entonces supe lo que tenía que hacer.
Creé una copia tuya,
Un hombre de negro, tipo Meinkampf,
Amante del tormento y la tortura.
Y dije sí, sí quiero.
Pero, papi, esto se acabó. He desconectado
El teléfono negro de raíz, las voces
Ya no pueden reptar por él.
Si ya había matado a un hombre, ahora son dos:
El vampiro que afirmaba ser tú
Y que me chupó la sangre durante un año,
Siete años, en realidad, para que lo sepas.
Así que ya puedes volver a tumbarte, papi.
Hay una estaca clavada en tu grueso y negro
Corazón, pues la gente de la aldea jamás te quiso.
Por eso bailan ahora, y patean sobre ti.
Porque siempre supieron que eras tú, papi,
Papi, cabrón, al fin te rematé.
12 de octubre de 1962
Traducción de Xoán Abeleira
ResponderEliminarREUNIÓN FAMILIAR
sobre la mesa hay una fuente con carne
cucharas con rastros de crema
budín y tazas de café
nadie debería intentar un bocado más pero
deciden abordar los desaciertos de mi hermano
y mi padre sentencia:
ustedes lo criaron
el bucle temporal me recuerda con cuatro años
en brazos de mi hermano
diciendo:
cuando yo era grande
te hacía upa
no me inventaba una realidad
de veras sentía mi vida
en una época anterior
en la que había podido alzarlo
y protegerlo de los demás
Poemas de Karina
ResponderEliminarLo inconveniente
Del deseo.
El jardín atestado de flores,
Lo caro de tu compra,
La comida que ya no entra.
El exceso
Lo exacto
Antagonías del andar.
Festejo del Día del Padre
Comida amable
Alegría del encuentro.
Con tu presencia venía el exceso
De enojos
De gritos
De opiniones que alteraban a los otros
Tus hijos, tus nietos
Que cuándo se casan
Que cuándo los hijos
Que cuándo se reciben
Que cuándo realizan sus vidas.
De pronto no estás
No hay enojos
No hay murayas
No hay atajos
No hacen falta.
No hay alma.
Hacernos forma parte de las fajes.
Algo explota
Yo, alguien es responsable.
Vienen las cirugías de reconstrucción
De qué?
De quién?
Es posible?
Poema de Alicia
ResponderEliminarY asi te fuiste
en un abrir y
cerrar de ojos
mama fue a
llevarte un mate
como siempre lo hacia
te encontró sin respiración
desespero, grito no podía
resistir el dolor
y asi te fuiste
como vos
lo decidiste
muchas veces
te oí decir que
ya no era vida
sin tus amigos
sin tu club
sin tus salidas matinales
y así te fuiste
sin despedirte
papá