martes, 2 de mayo de 2023

Poesía y trabajo

 



A mis obligaciones  (Pablo Neruda)

Cumpliendo con mi oficio
piedra con piedra, pluma a pluma,
pasa el invierno y deja
sitios abandonados,
habitaciones muertas:
yo trabajo y trabajo,
debo substituir
tantos olvidos,
llenar de pan las tinieblas,
fundar otra vez la esperanza.

No es para mí sino el polvo,
la lluvia cruel de la estación,
no me reservo nada
sino todo el espacio
y allí trabajar, trabajar,
manifestar la primavera.

A todos tengo que dar algo
cada semana y cada día,
un regalo de color azul,
un pétalo frío del bosque,
y ya de mañana estoy vivo
mientras los otros se sumergen
en la pereza, en el amor,
yo estoy limpiando mi campana,
mi corazón, mis herramientas.

Tengo rocío para todos.

 

La luna con gatillo (Raúl Gonzalez Tuñón de La luna con gatillo-1957)

Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.

El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.

El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.

Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.

Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.

¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.

El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.

Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!

Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.

Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.

No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.

Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.

Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.

Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.

No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!

No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.

Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.

 

 Para un mejor amor (Roque Dalton)

Nadie discute que el sexo
es una categoría en el mundo de la pareja:
de ahí la ternura y sus ramas salvajes.

Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
y los días divididos
(él, buscando el pan el la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el final del mes).

Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo son para ella
o sólo son para él.

Donde empiezan los lios
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.

Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no del sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm,
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.

 

 Juro que lo oí decir (Roque Dalton)

Salvo en una sociedad completamente justa, 
lo mejor de la vida                         
es ser jefe.                


La veta (Manuel J. Castilla)

Aquí arriba está la veta,
¿la ve señor ingeniero?
A esta hora siempre parece
una víbora durmiendo.

Así como usted la ve
ella también lo está viendo.
Y aunque la destroce toda
de golpe en golpe el barreno,
mientras más se la desgaja
su cola sigue creciendo,
como que abajo ya está
viva en el nivel 300.

Aquí arriba está la veta
arrime usted su mechero,
que por quererla matar
nos vamos quedando adentro.

Aquí arriba está la veta,
¿la ve señor ingeniero?

 

Sueño

Madre: tu niño no sueña
porque ya es niño minero.
Téjele unos escarpines
con el hilo más risueño
para que si viene el frío
no se te haga más pequeño.

Madre: tu niño ya es hombre
y no quiere que lo veles.
Tu niño juega una ronda
de plomo y andariveles.


Los desocupados y el filoso (Jorge Leónidas Escudero)

Recién despedidos horas serios

cariacontecidos en umbral de la fábrica

sentados

heridos de estar desocupados es triste

verlos.


Es el abismo ante ellos. En la cara

se le ve desolación, miedo,

ganas de morirse e impotencia

al estar gratuitamente sin para qué

ni a dónde ir en busca de seguir.

 

Estaban en eso cuando al pasar

un viejo filósofo les dijo muchachos

no se aflijan, es bueno

que los hayan echado del trabajo así

pueden experimentar en carne propia

la más pura filosofía que yo practico, esa

de la angustia ante la nada y el vacío existencial.

Los felicito.

 

De sol a sol


volví a los campos en que lejos donde

viví de niño cuando ayer mi padre

y vi a un niño solito frente a un rancho, estaba

sentado en una piedra.

 

Me acerqué temeroso de lejanía y dije

o pregunté algo, qué, a su edad su nombre

y su mirada habló solo silencio.

 

E iba yéndome cuando volví cabeza

y vi que sobre el niño se venía un temporal

de palas y azadones, arados y herramientas

para ya hombre hacerlo

empezar con mujer hacia otra vez el niño

sentado en una piedra y volver

de nuevo al hombre sol a sol

jirones la camisa el pantalón a ver

si aparece un qué en el horizonte pero

azadón pala y pico dolor de luna.

 

Continué mi camino, regresé triste

de aquellos campos en que lejos donde

viví de niño cuando ayer mi padre.

 

Los trabajos y los días (Joaquín Gianuzzi)


A medianoche mi oreja de intelectual

giró hacia un rincón de la cocina

donde una rata aplicaba a un hueso

un trabajo tenaz de músculos y dientes.

Nada tuve que agregar sino

un saludo respetuoso

a ese obrero que sabe lo que quiere.

Todo lo justificaba, todas las obras del mundo

seguían despiertas como un día inacabable,

mientras el deber de estar vivo continuaba

en mis uñas, mi cerebro,

por encima y debajo de las tumbas,

en los océanos y en las constelaciones.


Lluvia en el jardín

He observado el comportamiento de las mariposas
sorprendidas por la lluvia en el jardín.
En vano buscaron refugio bajo las hojas
y en la profundidad de las flores.
Pero una de ellas se elevó
hacia las nubes sombrías
y eligió la muerte en el rayo
perdida la memoria de la especie.
Yo fumaba en la galería, tendido de espaldas;
yo sobrevivía tranquilamente, ensayando
mi oficio de holgazán, mis vacaciones metafísicas,
aunque también pensando
qué clase de muerte, qué modelo de sepulcro
podría convenir a mi exclusiva historia personal,
la especie de pena que me correspondía.

 

El poeta standard

El poeta pequeño
se despierta en estado de alerta:
las palabras que amontonó en la noche
se le hacen imposible de retener
y corre a sentarse a la mesa al amanecer.
Así que a lo largo del día
suelta incesantes imágenes continuas,
olvida el desayuno
y otras necesidades menores del destino.
En resumen, un frenesí creador
pero de resultado artístico dudoso.
¿Pero quién podría decirlo, diseñar lo perdurable,
medir la exacta distancia
entre el entusiasmo y su obra?
¿Por qué el día habría de quedar perdido?
Lo que importa es poner huevos
no en eternidad sino en el tiempo:
allí donde los errores, rotas las cáscaras,
deben rendir cuentas a la luz.


De Victoria Dahbar






Kiosco (Alejandro Schmidt)

yo quiero tener un kiosco
lo quiero de día
y lo quiero de noche
abierto

seré el señor del kiosco
el gordo kiosco
el dueño del kiosco

en la esquina
con un toldo a rayas
brillará mi kiosco
llenaré la maleta del gato Félix
el tesoro de Rusia
la boca
de mamá

seré feliz
cuando tenga el kiosco
y escriba Pessoa mi poema

la insignificancia de Occidente
derramará sus cajas

de noche
un televisor pequeño
explicará los mundos

la luz de la ciudad
irá mezclando astros

seré
el necesario dios
de la vereda.

Un hombre va al trabajo

Un hombre va al trabajo
con una chaqueta liviana y una camisa
gastada, celeste, a rayas

camina bajo el temporal
hunde sus botines de caza
con el opaco gesto que guardó desde su infancia

la lluvia equivale a su elogio de lágrimas
y esa pobre vieja torpe
–es lo que piensa mirando adelante
un brazo sobre el corazón cubriendo su camisa–
y esa pobre vieja torpe
es tu madre
el sitio donde te transfiguraste…

Cuando llego a la escuela industrial
donde vigilo la sangre de los niños
las secretarias me miran con piedad
(con ese amor destinado al que perdió su vida
y no lo sabe
al que perdió su vida y lo sabe)
y me prestan un peine y una toalla rota
esa misma en donde limpian sus aguas
de tintas y restas…

Estoy conforme
no quiero que nadie me dé nada
sólo abran las puertas del Infierno

y caminaré hasta las pezuñas de oro
mojado por las memorias de la eternidad

ando pegado a la pared
para evitar la ceguera de los autos

una puerta se abre
y veo
los tormentos de un ambiente apacible
mujeres con mirada de taza
adolescentes rizados por la lluvia
el padre desnudo en su piloto
en esta situación animal descubro mi inocencia

madre
la ropa que me diste
ya la gastó tu hijo
comprando tu silencio
mírame ahora como siempre
soy ese hombre que camina bajo la lluvia

pensando en tantas cosas.








En la edición original de 1996 de Escuela industrial, podemos hacer un recorrido circular por los nueve poemas que lo componen y que marcan al igual que en Esquina del Universo, al hombre en su devenir, en su redención a través del dolor, su disolución en el mundo. Al mismo tiempo podemos trazar un paralelismo como bien indica Andruetto en el prólogo de 2008, entre el hacer del poeta y el hombre que asiste a diario a la escuela del trabajo. “Vivir parecido a las palabras” es la frase que aparece en entrevistas y correspondencias en la que se vislumbra la ética del poeta, el principio aglutinante en toda relación entre poeta y poesía y que Schmidt eleva a un deber ser.
El hombre no se queja, acepta su condición pero ¿cuál es la mirada que prevalece en la expresión “perdió su vida”? Estimamos que se trata de la vida socialmente aceptable, la que entra en los parámetros de cómo se debe vivir. Tradicionalmente la labor del poeta y la idea de un trabajo remunerado y monocorde, no acuerdan totalmente. Existe entre ambos quehaceres una tensión que perturba al poeta moderno que, acuciado por el drama existencialista, siente que no encaja en el sistema de roles sociales. Podríamos decir que esa tensión se resume en lo material versus lo espiritual; entre trabajar para vivir y ganar el sustento y trabajar para la poesía sin otra remuneración que la libertad absoluta: “lo hermoso de la poesía es la inclemencia, es la libertad que te da, la libertad de que no cuenta en este sistema” (en Pluma y hueso, 1998: 14). Schmidt manifiesta también estas dificultades en la correspondencia que mantuvo con María Teresa Andruetto: “Estuve dos meses sin escribir; mal, por el cansancio, por el laburo y por las obligaciones del amor que asumo y sumo precisamente” (Andruetto y Gazzera, op. cit.: 86). Mucho se ha dicho en la poesía moderna de esta relación infructuosa entre el trabajo y la escritura, tal es el caso de El solicitante descolocado (1971) de Leónidas Lamborghini: “el trabajo es salud, es factor/ dignifica/ y lo otro es el crimen/la poesía maldita// Yo era el brazo derecho ahora no soy nada”. Trabajo y escritura parecen no poder coexistir. Pero aquí, Schmidt diluye esa tensión en un asumirse poeta y celador, ambos son la misma cosa. Vivir parecido a las palabras tiene su lugar en la cotidianidad aceptando la dualidad que le toca: “Estoy conforme/ no quiero que nadie me dé nada/ sólo abran las puertas del infierno”


7 comentarios:

  1. Envío unos que me vienen presentando problemas hace varios años:


    LO QUE QUEDABA DE VOS
    cayó esta mañana
    como las brevas del verano

    el clima volvió impredecibles las estaciones
    y agosto puso en la planta higos
    de una pulpa blanquecina y sabor metálico

    tiro del fruto inmaduro
    arranco, sin querer, algunas hojas
    una línea de un agua lechosa me persigue
    es la savia de la higuera que reclama

    lo que quedaba de vos
    rodó esta mañana por la loza blanca
    la sangre aguza el recuerdo
    fue roja nuestra despedida

    ------------------------------------------------------------
    “Toda mujer adora a un fascista,
    La bota en la cara, el bruto”
    Sylvia Plath

    TODA MUJER TUVO UNO

    Rosalía hizo una guirnalda de hijos en el conurbano
    para adorar a su Ted Hughes
    siempre atenta a lo que podía necesitar

    siempre pensando en cómo arreglarlo
    cómo juntar sus partes y zurcirlo mejor que un doctor
    mejor que los clavos y el titanio

    llevaba seis meses de embarazo
    no entendía cómo podía, así como así, cansarse
    cómo podía aplastarla en ese estado
    tan vulnerable

    en una de sus vidas paralelas
    hacía un año que le daba de comer y lavaba sus calzones
    mientras pasaba las tardes cortando botellas, armando vasos y lámparas
    artefactos que ni siquiera me gustaban
    para una casa que era mía

    como la mugre que llega a la orilla con la espuma del mar
    los viernes te dejabas arrastrar por la línea Roca
    para sembrar tu descendencia
    en la zona sur

    ¿cómo puede un hombre roto
    viajar en el trasporte público
    dormir en localidades distintas
    parado en una sola pierna?


    Ted Hughes, mi Ted Hughes,
    si esa camioneta te hubiese golpeado con precisión
    -al saltarse el semáforo en rojo-
    si hubiese dado en tu sexo y no en tu pierna
    tal vez te hubieses detenido

    toda mujer se ha cruzado con un hombre así
    en algún mal momento de su vida
    los hemos puesto en altares y besamos sus pies
    hasta quedar vacías

    --------------------------------------------------------------------------

    ***
    un niño cuelga del pasamanos
    su mano derecha se extiende hacia el caño rojo
    la izquierda hasta el amarillo
    cuando no tiene de dónde agarrarse gira 180°
    el brazo derecho es el anzuelo sobre el que cuelga todo su cuerpo
    invierte el sentido de los colores en las manos
    y vuelve sobre sus pasos
    su madre grita sacude el dedo índice
    el padre corre y lo baja
    discuten se contradicen lo abrazan
    el niño no sabe si hizo bien o mal
    solo sabe que no le teme a los pasamanos
    deberá recordar:
    mano derecha en el rojo
    mano izquierda en el amarillo
    cuando haya que girar, girar
    cuando haya que seguir, seguir

    las plantas tienen la posibilidad de curarse
    a través de sus frutos
    a veces demora varios años pero crece
    en el tiempo en que la planta tarda en curarse
    si uno pudiera plantar ese fruto
    en la próxima generación obtendría un fruto sano
    si uno pudiera esperarlo
    si uno pudiera esperarse también haría eso
    y al borde de la pendiente enfrentaría el vértigo
    como en el pasamanos

    las plantas los humanos
    somos de la misma materia

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  2. Dos veces
    a la semana
    viaje al campo
    a dar mis
    clases de dibujo
    Y pintura

    Llegar a esa escuela
    donde había sido
    una fábrica de sillas

    Todos en el mismo
    salón dábamos clase
    no sé pero podíamos

    En ese lugar donde
    Se llovían los techos
    Había fantasmas de noche

    Osvalda la portera
    Con un mate me esperaba
    Mientras le enseñé a tejer

    Así empecé a dar clase
    Cuanto por aprender
    Cuanto por dar

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  3. A diario
    hilvano
    mis ideas
    se suman
    los pensamientos
    tejo de día
    de noche
    sueños inconclusos
    deseados imposibles
    Ahora
    estoy aquí
    contemplo
    mi tejido
    amorfo
    sustentable

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  5. Con mi amiga
    hablamos de la vida.
    Hoy fue sobre un insecto extraño
    color azul petróleo.
    Salió de una enredadera de flores violetas
    me encaró con un pico de cuervo, agaché la cabeza,
    entre sus alas y mis ojos
    interpuso el sol un espejo.
    Ella triste me decía que casi se le muere la perra
    que se le clavó en el pecho un aguijón azul profundo.
    Hacemos silencio,
    corre el agua en la pileta de su cocina
    en la mía, una música lejana.
    De pronto, aquello en lo que nos convertimos
    a veces, bichitos destrozados
    aguijones sin almíbar, esperando
    la dicha que podría haber sido.

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  6. El hombre más fuerte del mundo


    Los brazos de mi abuelo Nene eran enormes
    como los de un superhéroe
    me sorprendía que un hombre de pelo gris fuera tan fuerte
    no coincidía con los datos fantásticos
    con los que un niño construye el mundo
    ni en los dibujitos animados
    ni en las historietas
    ni en las películas de acción que veíamos juntos
    los héroes eran viejos o tenían nietos
    no manejaban una chata Fiat 1500
    no eran presidentes de un centro de jubilados
    no me llevaban a tomar café los sábados
    al mismo bar del centro y pedían una coca para mí
    no tomaban sodeado en un jarrito de losa con el almuerzo
    y otro
    un rato antes de la cena

    Las infancias son hiperbólicas
    yo no entendía por qué a mi abuelo le decían “nene”
    si para mí
    era el hombre más fuerte del mundo

    A pesar de la rigidez de su carácter
    mi abuelo era tierno
    llevaba en las manos un cariño áspero
    por debajo de su piel encallecida
    le gustaba contarme historias
    sobre todas las cosas que hizo
    los lugares donde estuvo
    fue repartidor, jugador de fútbol amateur
    marinero, periodista, poeta y boxeador
    trabajó la tierra desde antes de aprender
    a leer, escribir o a sumar
    construyó una casa que se vino abajo y luego
    levantó otra

    Mi abuelo Nene trababa los bíceps
    miraba su mano izquierda
    miraba su mano derecha
    y me decía
    “Con esta mano los mando al hospital
    con esta otra, al cementerio”.

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