A mis obligaciones (Pablo Neruda)
Cumpliendo con mi oficio
piedra con piedra, pluma a pluma,
pasa el invierno y deja
sitios abandonados,
habitaciones muertas:
yo trabajo y trabajo,
debo substituir
tantos olvidos,
llenar de pan las tinieblas,
fundar otra vez la esperanza.
No es para mí sino el polvo,
la lluvia cruel de la estación,
no me reservo nada
sino todo el espacio
y allí trabajar, trabajar,
manifestar la primavera.
A todos tengo que dar algo
cada semana y cada día,
un regalo de color azul,
un pétalo frío del bosque,
y ya de mañana estoy vivo
mientras los otros se sumergen
en la pereza, en el amor,
yo estoy limpiando mi campana,
mi corazón, mis herramientas.
Tengo rocío para todos.
La luna con gatillo (Raúl Gonzalez Tuñón de
La luna con gatillo-1957)
Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie.
El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.
El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.
Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.
Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.
Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.
¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?
He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.
El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.
Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!
Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.
Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.
No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.
Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.
Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.
Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.
No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!
No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.
Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.
Nadie discute que el sexo
es una categoría en el mundo de la pareja:
de ahí la ternura y sus ramas salvajes.
Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
y los días divididos
(él, buscando el pan el la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el final del mes).
Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo son para ella
o sólo son para él.
Donde empiezan los lios
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.
Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no del sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm,
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.
Juro que lo oí decir (Roque Dalton)
Salvo en una sociedad completamente
justa,
lo mejor de la vida
es ser jefe.
La veta (Manuel J. Castilla)
Aquí arriba está la veta,
¿la ve señor ingeniero?
A esta hora siempre parece
una víbora durmiendo.
Así como usted la ve
ella también lo está viendo.
Y aunque la destroce toda
de golpe en golpe el barreno,
mientras más se la desgaja
su cola sigue creciendo,
como que abajo ya está
viva en el nivel 300.
Aquí arriba está la veta
arrime usted su mechero,
que por quererla matar
nos vamos quedando adentro.
Aquí arriba está la veta,
¿la ve señor ingeniero?
Sueño
Madre: tu niño no sueña
porque ya es niño minero.
Téjele unos escarpines
con el hilo más risueño
para que si viene el frío
no se te haga más pequeño.
Madre: tu niño ya es hombre
y no quiere que lo veles.
Tu niño juega una ronda
de plomo y andariveles.
Los desocupados
y el filoso (Jorge Leónidas Escudero)
Recién
despedidos horas serios
cariacontecidos
en umbral de la fábrica
sentados
heridos de estar
desocupados es triste
verlos.
Es el abismo
ante ellos. En la cara
se le ve
desolación, miedo,
ganas de morirse
e impotencia
al estar
gratuitamente sin para qué
ni a dónde ir en
busca de seguir.
Estaban en eso
cuando al pasar
un viejo
filósofo les dijo muchachos
no se aflijan,
es bueno
que los hayan
echado del trabajo así
pueden
experimentar en carne propia
la más pura
filosofía que yo practico, esa
de la angustia
ante la nada y el vacío existencial.
Los felicito.
De sol a sol
volví a los
campos en que lejos donde
viví de niño
cuando ayer mi padre
y vi a un niño
solito frente a un rancho, estaba
sentado en una
piedra.
Me acerqué
temeroso de lejanía y dije
o pregunté algo,
qué, a su edad su nombre
y su mirada
habló solo silencio.
E iba yéndome
cuando volví cabeza
y vi que sobre
el niño se venía un temporal
de palas y azadones,
arados y herramientas
para ya hombre
hacerlo
empezar con
mujer hacia otra vez el niño
sentado en una
piedra y volver
de nuevo al
hombre sol a sol
jirones la
camisa el pantalón a ver
si aparece un
qué en el horizonte pero
azadón pala y
pico dolor de luna.
Continué mi camino,
regresé triste
de aquellos
campos en que lejos donde
viví de niño
cuando ayer mi padre.
Los trabajos y los días (Joaquín Gianuzzi)
A medianoche mi oreja de intelectual
giró hacia un rincón de la cocina
donde una rata aplicaba a un hueso
un trabajo tenaz de músculos y dientes.
Nada tuve que agregar sino
un saludo respetuoso
a ese obrero que sabe lo que quiere.
Todo lo justificaba, todas las obras del
mundo
seguían despiertas como un día inacabable,
mientras el deber de estar vivo continuaba
en mis uñas, mi cerebro,
por encima y debajo de las tumbas,
en los océanos y en las constelaciones.
Lluvia en el jardín
He observado el comportamiento de las mariposas
sorprendidas por la lluvia en el jardín.
En vano buscaron refugio bajo las hojas
y en la profundidad de las flores.
Pero una de ellas se elevó
hacia las nubes sombrías
y eligió la muerte en el rayo
perdida la memoria de la especie.
Yo fumaba en la galería, tendido de espaldas;
yo sobrevivía tranquilamente, ensayando
mi oficio de holgazán, mis vacaciones metafísicas,
aunque también pensando
qué clase de muerte, qué modelo de sepulcro
podría convenir a mi exclusiva historia personal,
la especie de pena que me correspondía.
El poeta standard
El poeta pequeño
se despierta en estado de alerta:
las palabras que amontonó en la noche
se le hacen imposible de retener
y corre a sentarse a la mesa al amanecer.
Así que a lo largo del día
suelta incesantes imágenes continuas,
olvida el desayuno
y otras necesidades menores del destino.
En resumen, un frenesí creador
pero de resultado artístico dudoso.
¿Pero quién podría decirlo, diseñar lo perdurable,
medir la exacta distancia
entre el entusiasmo y su obra?
¿Por qué el día habría de quedar perdido?
Lo que importa es poner huevos
no en eternidad sino en el tiempo:
allí donde los errores, rotas las cáscaras,
deben rendir cuentas a la luz.
De Victoria Dahbar
Kiosco (Alejandro Schmidt)
Un hombre va al trabajo
Un hombre va al trabajo
con una chaqueta liviana y una camisa
gastada, celeste, a rayas
camina bajo el temporal
hunde sus botines de caza
con el opaco gesto que guardó desde su infancia
la lluvia equivale a su elogio de lágrimas
y esa pobre vieja torpe
–es lo que piensa mirando adelante
un brazo sobre el corazón cubriendo su camisa–
y esa pobre vieja torpe
es tu madre
el sitio donde te transfiguraste…
Cuando llego a la escuela industrial
donde vigilo la sangre de los niños
las secretarias me miran con piedad
(con ese amor destinado al que perdió su vida
y no lo sabe
al que perdió su vida y lo sabe)
y me prestan un peine y una toalla rota
esa misma en donde limpian sus aguas
de tintas y restas…
Estoy conforme
no quiero que nadie me dé nada
sólo abran las puertas del Infierno
y caminaré hasta las pezuñas de oro
mojado por las memorias de la eternidad
ando pegado a la pared
para evitar la ceguera de los autos
una puerta se abre
y veo
los tormentos de un ambiente apacible
mujeres con mirada de taza
adolescentes rizados por la lluvia
el padre desnudo en su piloto
en esta situación animal descubro mi inocencia
madre
la ropa que me diste
ya la gastó tu hijo
comprando tu silencio
mírame ahora como siempre
soy ese hombre que camina bajo la lluvia
pensando en tantas cosas.





Envío unos que me vienen presentando problemas hace varios años:
ResponderEliminarLO QUE QUEDABA DE VOS
cayó esta mañana
como las brevas del verano
el clima volvió impredecibles las estaciones
y agosto puso en la planta higos
de una pulpa blanquecina y sabor metálico
tiro del fruto inmaduro
arranco, sin querer, algunas hojas
una línea de un agua lechosa me persigue
es la savia de la higuera que reclama
lo que quedaba de vos
rodó esta mañana por la loza blanca
la sangre aguza el recuerdo
fue roja nuestra despedida
------------------------------------------------------------
“Toda mujer adora a un fascista,
La bota en la cara, el bruto”
Sylvia Plath
TODA MUJER TUVO UNO
Rosalía hizo una guirnalda de hijos en el conurbano
para adorar a su Ted Hughes
siempre atenta a lo que podía necesitar
siempre pensando en cómo arreglarlo
cómo juntar sus partes y zurcirlo mejor que un doctor
mejor que los clavos y el titanio
llevaba seis meses de embarazo
no entendía cómo podía, así como así, cansarse
cómo podía aplastarla en ese estado
tan vulnerable
en una de sus vidas paralelas
hacía un año que le daba de comer y lavaba sus calzones
mientras pasaba las tardes cortando botellas, armando vasos y lámparas
artefactos que ni siquiera me gustaban
para una casa que era mía
como la mugre que llega a la orilla con la espuma del mar
los viernes te dejabas arrastrar por la línea Roca
para sembrar tu descendencia
en la zona sur
¿cómo puede un hombre roto
viajar en el trasporte público
dormir en localidades distintas
parado en una sola pierna?
Ted Hughes, mi Ted Hughes,
si esa camioneta te hubiese golpeado con precisión
-al saltarse el semáforo en rojo-
si hubiese dado en tu sexo y no en tu pierna
tal vez te hubieses detenido
toda mujer se ha cruzado con un hombre así
en algún mal momento de su vida
los hemos puesto en altares y besamos sus pies
hasta quedar vacías
--------------------------------------------------------------------------
***
un niño cuelga del pasamanos
su mano derecha se extiende hacia el caño rojo
la izquierda hasta el amarillo
cuando no tiene de dónde agarrarse gira 180°
el brazo derecho es el anzuelo sobre el que cuelga todo su cuerpo
invierte el sentido de los colores en las manos
y vuelve sobre sus pasos
su madre grita sacude el dedo índice
el padre corre y lo baja
discuten se contradicen lo abrazan
el niño no sabe si hizo bien o mal
solo sabe que no le teme a los pasamanos
deberá recordar:
mano derecha en el rojo
mano izquierda en el amarillo
cuando haya que girar, girar
cuando haya que seguir, seguir
las plantas tienen la posibilidad de curarse
a través de sus frutos
a veces demora varios años pero crece
en el tiempo en que la planta tarda en curarse
si uno pudiera plantar ese fruto
en la próxima generación obtendría un fruto sano
si uno pudiera esperarlo
si uno pudiera esperarse también haría eso
y al borde de la pendiente enfrentaría el vértigo
como en el pasamanos
las plantas los humanos
somos de la misma materia
Dos veces
ResponderEliminara la semana
viaje al campo
a dar mis
clases de dibujo
Y pintura
Llegar a esa escuela
donde había sido
una fábrica de sillas
Todos en el mismo
salón dábamos clase
no sé pero podíamos
En ese lugar donde
Se llovían los techos
Había fantasmas de noche
Osvalda la portera
Con un mate me esperaba
Mientras le enseñé a tejer
Así empecé a dar clase
Cuanto por aprender
Cuanto por dar
A diario
ResponderEliminarhilvano
mis ideas
se suman
los pensamientos
tejo de día
de noche
sueños inconclusos
deseados imposibles
Ahora
estoy aquí
contemplo
mi tejido
amorfo
sustentable
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ResponderEliminarCon mi amiga
ResponderEliminarhablamos de la vida.
Hoy fue sobre un insecto extraño
color azul petróleo.
Salió de una enredadera de flores violetas
me encaró con un pico de cuervo, agaché la cabeza,
entre sus alas y mis ojos
interpuso el sol un espejo.
Ella triste me decía que casi se le muere la perra
que se le clavó en el pecho un aguijón azul profundo.
Hacemos silencio,
corre el agua en la pileta de su cocina
en la mía, una música lejana.
De pronto, aquello en lo que nos convertimos
a veces, bichitos destrozados
aguijones sin almíbar, esperando
la dicha que podría haber sido.
El hombre más fuerte del mundo
ResponderEliminarLos brazos de mi abuelo Nene eran enormes
como los de un superhéroe
me sorprendía que un hombre de pelo gris fuera tan fuerte
no coincidía con los datos fantásticos
con los que un niño construye el mundo
ni en los dibujitos animados
ni en las historietas
ni en las películas de acción que veíamos juntos
los héroes eran viejos o tenían nietos
no manejaban una chata Fiat 1500
no eran presidentes de un centro de jubilados
no me llevaban a tomar café los sábados
al mismo bar del centro y pedían una coca para mí
no tomaban sodeado en un jarrito de losa con el almuerzo
y otro
un rato antes de la cena
Las infancias son hiperbólicas
yo no entendía por qué a mi abuelo le decían “nene”
si para mí
era el hombre más fuerte del mundo
A pesar de la rigidez de su carácter
mi abuelo era tierno
llevaba en las manos un cariño áspero
por debajo de su piel encallecida
le gustaba contarme historias
sobre todas las cosas que hizo
los lugares donde estuvo
fue repartidor, jugador de fútbol amateur
marinero, periodista, poeta y boxeador
trabajó la tierra desde antes de aprender
a leer, escribir o a sumar
construyó una casa que se vino abajo y luego
levantó otra
Mi abuelo Nene trababa los bíceps
miraba su mano izquierda
miraba su mano derecha
y me decía
“Con esta mano los mando al hospital
con esta otra, al cementerio”.
(Anuar)
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