Una intimidad
inofensiva – Fragmentos (Tamara Kameinzain)
·
Estamos
ante un faltante de velo, o digámoslo con un término más pasado de moda, un
faltante de discreción, donde más que preguntarse, como lo hacía Pizarnik, qué
y sobre qué quiero escribir, directamente se escribe. Hacerlo así, sin tramitar
ningún ritual iniciático, transforma aquel tesoro que la poeta tenía entre
manos, pero cuyo valor parecía desconocer, en una materia aprovechable, una
fuente de información doméstica que hoy todos, con cierta complicidad de época,
no dudamos en llamar intimidad. Pero, ¿cómo es esa intimidad de hoy que nos
transforma, como lectores, en involuntarios testigos de algo así, como las
inmediateses ajenas? Si seguimos la señalización que nos proponen los
postítulos de las cuatro secciones de Basta de escribir novelas, mi padre ha
vuelto a la bebida, escribir poesía, ya no hay que escribir novelas, y quién
soy, tal vez encontremos una lógica inesperada que aliviane nuestros supuestos
acerca de lo que entendemos por intimidad.
·
Ya
dijimos que escribir para estos poetas aparece como una inmediatez. Ninguna
pregunta previa, ningún pedido de permiso, ningún ritual de iniciación lleva al
sujeto que escribe a cuestionarse en su condición de tal. Aquí el ritual de
iniciación y el hecho mismo de estar escribiendo se superponen. Es como si el
que escribe se hubiera quedado tildado en su etapa autoral de aprendizaje y
hubiera naturalizado ese momento de novedad que ahora se sostiene en el tiempo.
El efecto que se genera es el de una infancia permanente, una inocencia extrema
que a la manera del niño que está transitando la etapa de los porqués no se
supera con ninguna respuesta. Por eso Alejandro Rubio seguramente parodiando a
un lector desconcertado ante la poesía de Fernanda Laguna se pregunta “¿Fernanda
Laguna es boluda?” Para concluir que la boluda autoconsciente de nada interroga
a todo.
·
Es
que la actividad de escribir poesía ya dejó de ser algo serio, como lo era para
Pizarnik. Ahora, aquella dosis sacrificial que suponía el ejercicio del arte
para la modernidad parece haber caído. Exactamente al revés de cómo lo concibe Pizarnik
cuando se refiere a la vida perdida para la literatura por culpa de la
literatura. Quiero decir, por querer
hacer de mí un personaje literario en la vida real, fracaso en mi intento de
hacer literatura con mi vida real. Hoy es la vida la que pone en jaque a la
literatura cuestionándole sus límites. Por eso, cuando decimos que hoy se
escribe entrenando o deportivamente, debe quedar claro que se lo hace no para
comprometer cuerpo y alma en una vocación que puede resultar terminal, sino con
fines prácticos, es decir, para obtener buenos resultados para la vida. Por
ejemplo, para mejorar en el amor, o para saberlo todo, como decía Cecilia
Pavón. En ese mismo sentido, escribir poesía parece también como un ejercicio
de contabilidad. Se contabilizan por deporte las relaciones que se tuvieron y
las que no se tuvieron. La intimidad inofensiva de hoy parece estar ocupándose
simplemente de registrarlos. Así, lo mucho o lo poco, quedan asentados en esto que
ahora se da en llamar poesía. Poesía de la que se habla todo el tiempo, pero
siempre con el fin de hablar de otra cosa.
·
Entonces,
lo que se hace presente ahora es una torsión autorreferencial, pero siempre
atenta a reconocer lo propio en medio de lo ajeno. Dice Cecilia Pavón, “mi nombre está escrito frente a mí en letras
de neón, hay un hotel con mi nombre, a este bar suelo venir cuando mi mente
está en la nada”. Pero la supuesta objetividad realista de
esta descripción se ve contaminada por otra realidad. La de un sujeto al que,
casualmente, ese nombre le pertenece. La oportunidad del sujeto de reconocerse
en su extimidad. El término extimidad, tal como lo concibe Lacan, representa a
lo más próximo, en ti más que tú, que al mismo tiempo hace su aparición en el
exterior. Se trata de una formulación paradojal que da cuenta del modo de ser
del sujeto. Lo más íntimo habita afuera, como un cuerpo extraño, produciendo
una fractura constitutiva de la intimidad, difícil de aceptar para el mismo
sujeto, ya que se trata de un real que habita en lo simbólico. Ahora bien,
frente a la irrupción de las redes sociales se comenzó a utilizar el término
extimidad para dar cuenta de la novedad que significa exponer la propia
intimidad en las vitrinas globales. Si, en cambio, convenimos en que, en lugar
de velarlo, en el arte de hoy se está intentando exponer ese real, podríamos
suponer que esa exposición ya propone un nuevo uso de lo que antes se velaba.
Profanarlo significa simplemente abolir y eliminar las separaciones, sino aprender
a hacer de ellas un nuevo uso, a jugar con ellas, dice Agamben.
·
Entonces,
si es estar y no ser lo que define a estos escritores de
la intimidad inofensiva éxtima, queda claro que en vez de bucear en las
profundidades buscando alguna respuesta metafísica con relación al ser,
escribir poesía consistiría ahora en el ejercicio de mantenerse siempre a
flote, marcando un territorio al nivel del quién soy, una expresión cuyos
efectos de sintaxis dentro de estos textos obligan a leerla más bien como un
aquí estoy.
Les comparto a una autora de Córdoba, Gabriela Milone.








Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEste ejercicio lo hice ficcionando algunas páginas que encontré del ejercicio diario propuesto en El camino del Artista.
ResponderEliminar26 de junio de 2017
Acompañar al baño a una persona mayor no necesariamente es verla desnuda. El cuerpo se llena de pliegues que recubren lo que a uno podría darle pudor. Veo la panza de mi abuela y pienso en sus tres embarazos, en que sólo han vivido el tío y mi papá. Hace unos días mi otra abuela me preguntó si Juana extrañaba a Quina, la señora que vivía en la casa del fondo, como si no tuviera ya suficiente para llorar.
29 de junio de 2017
¿Qué debería mirar alguien que cuida a un interno de hospital? Una botellita cargada hasta la mitad hace burbujas y se conecta a una manguera que llega hasta la nariz de mi abuela. La posición obtusa parece incómoda. Lleva varias horas sentada en esa inclinación de reposera. El ronquido es parejo y se mimetiza con el de la señora de la cama de al lado. El azar nos pone a compartir habitaciones e inexplicablemente nos sentamos cerca de las excreciones de un extraño.
30 de junio de 2017
No sé dónde dejé la campera de hilo azul. Olvido mis libretas en lugares que -en otro momento- no hubiese apoyado nada. Aparece una hoja en el baño, un grabador en el sillón. Siento que me pierdo. Es difícil llevar la casa a cuestas.
1 de julio de 2017
Esta mañana desperté con una baba verde en un ojo y -ahora- me pica. No puedo evitar pensar a los hospitales como lugares llenos de gérmenes. La señora con quien compartimos la habitación 204 se llama Ana Pellegrini. Tiene la bolsita de pis en 100 cm3, los pies al aire, los empeines violetas y está sola. Su nieta Lucia viene por las tardes. Tiene un novio muy simpático, saluda a mi abuela y cuando se va le dice “Suerte”.
-¿Qué?
-Suerte
-¿Qué?
-SUERTE
“Es feo”, me dice, “esto de gritarles”.
2 de julio de 2017
En la garganta de mi abuela hay un chifle, de a ratos pita fuerte, de a ratos más suave. Ana me dice “cuando tengo un pensamiento feo repaso las tablas. No uso la calculadora: sumo, resto, multiplico, divido, saco el “tanto por ciento”, todo con lápiz; y pensar que cuando era chica creía que me costaba.”
4 de julio de 2017
Creí que escribiría mis páginas diarias mirando al fondo, frente a la ventana que da a la parra. Pienso que podré transformar ese gris del jardín en naranjas, verdes, rojos. Ayer no escribí nada, ¿servirá para algo esto? Resulta extraño escribir sin pretensiones literarias. Desde este cuarto escucho los martillazos en el techo de la que -espero- será mi casa. La temperatura no baja de los 12°, el sol está intenso y el viento calmo. Contemplo -desde adentro- el cuerpo de mi abuela, por si me llama. Contengo las ganas de estar al viento, de acariciar a los gatos y revisar los frutitos incipientes del limonero. Cuidar a alguien es adoptar la quietud de la ancianidad, la cárcel de la vejez, una forma prematura de muerte.
20 de julio de 2017
Hoy puede desayunar al sol. Lamenté tener que sacar con la pala ancha las plantas de acelga silvestre. Alguien puso veneno para hormigas y apestó todas las hojas. Los frutos del limonero tienen el tamaño de las almendras y en el parral cuelgan un montón de pelotitas, como semillas de mostaza.
27 de julio de 2017
Cuando llueve en un pueblo todo se para. Nadie va al almacén, no compran pan ni van a clase. Sin clientes a la vista, el chico de la farmacia tiene tiempo de mirar las estanterías. Mira los medicamentos y piensa en Cristina, en Inés, en Rosa. Las llamas: “llegó el Miopropán, la Risperidona, el Ensure”. “Gracias Luciano”, le responden, pero a nadie se le ocurre salir a la calle en medio de la tormenta. La grasa caliente espera a la masa que reposa en la tabla, como una rosca aplastada. Las tortas fritas se sumergen en la olla a 150° y ahí se espera -tranquilo- que la lluvia baje.
Buenísimo Flor.
EliminarMe encantó, Flor!!!!!
EliminarAhora, lo que me salió en estos días nublados y fríos
EliminarEsa noche la intimidad fue inofensiva.
El gato jugaba con los lápices
arañaba los papeles, los libros
y vos querías escribir, lo intentabas.
Después fue la almohada
sobrevolaron plumas como bandadas de pájaros blancos.
Acostada en la cama, veías en el vuelo
el itinerario de una escritura repetitiva, siempre en círculo.
El gato negro saltaba, se estiraba
no podía con la levedad, privilegio solo de los pájaros.
Esa noche, el gato y vos no dormirían
esperarían una pluma, solo una que cayera
y vos tal vez escribirías.
Nadie sacó una foto ni filmó
la agitación del gato
su destreza
las garras agigantadas en la pared
la pericia de las plumas convertidas en pájaros
ni la terquedad de los ojos esperando una pluma.
Al día siguiente nadie dio cuenta de la luz del sol
en una habitación vacía
una cama sin sábanas
sin almohadas,
a falta de cielo
una pluma sola en el colchón.
Esquejes
No sé cuándo
guantes en las manos
tijera pico de pájaro
azadilla en la tierra
no sé cómo
mis piernas
esquejes
de plantas abandonadas
ahora
mis brazos
largos filamentos verdes
se va yendo la sombra.
Me gusta cómo el despojo de pretensiones, le da a la escritura una potencia muy clara. Me conmovió especialmente la imagen del cuidado como una quietud que se adopta. Hermoso texto
EliminarEn el fondo de algún lugar corren las agujas de un reloj
ResponderEliminarque no existe pero tiene forma
que se escucha pero no tiene sonido
avanza aunque no sabe de tiempo
a veces hacia delante y otras hacia atrás
oscila en el tiempo finito de la existencia
no entiende de nostalgias tampoco de crisis
mucho menos de paciencia ante las cosas que se rompen en el camino
y es así como mi diario se asemeja a jugar a la rayuela
tirar la piedra y saltar
esquivando algunos asuntos pendientes pero también
haciendole frente a otros sin vacilar
aprendiendo a tener cintura en un ritmo tan cambiante
que a veces genera una ansiedad constante
pero otras también -y por suerte- me invita a bailar
Perdón, olvidé poner mi nombre (Qué olvido tan interesante para llevarlo a análisis)
Eliminar!!!!!!!!!
EliminarEXTIMIDAD
ResponderEliminarsi tuviera un no diario
escribiría sobre la metáfora
que alivia y
clausura
cuidaría los bordes
antes de que se borren las líneas
de la casa
la persona
y el árbol
dibujaría un fantasma
que proyecte una intimidad
leible
amable
que tan lábil es la estructura
de las cosas
las personas
los árboles
y de lo que no se percibe
y se repite
Me gusta Caro. Raquel soy
EliminarTextos de Karina:
ResponderEliminarMi no diario.
Domingo 16 de abril de 2023.
Si escribiera un no diario
Escribiría lo mucho que me gustaría
Salirme de mí y decir lo indecible:
Eso que hiere, avergüenza
Deja expuesta una vida.
Si escribiera un no diario
Quisiera alivianar mis pesos
Mostrar mis dolores
Sin temor de desangrarme.
Lunes 17 de abril de 2023
Si escribiera un no diario
Contaría los asuntos que me aquejan
Como hoy en el trabajo
Cuando comuniqué a mis compañeros
Una decisión
Con la que no estuvieron de acuerdo
Y me quedé sola,
Sin poder moverme.
Si escribiera un no diario
Escribiría sobre ese árbol
Que cambia de colores y de follaje
Antes que los demásdespojándome de mí
Y mis pensamientos.
Si escribiera un no diario
Me gustaría escribir en otro idioma,
En chino por ejemplo
Porque no existe el ser
Que me ancla
En un tiempo espacio
Inmóvil.
Si escribiera un no diario
Quisiera curarme de ese deseo inhumano de control
Que me acerca a mis ideales
Y me aleja de mis placeres.
Que bueno Karina ! Soy Raquel
EliminarOtros textos de Kari:
ResponderEliminarCómo robar un espacio, un tiempo?...
Esos viejos alegres, claros
Sus voces se alzan, sus risas.
Tomo un café
Pienso en vos
Los escucho.
Cómo habría sido tu vida en bares,
Plazas, ruidos de afuera.
Tanto silencio, tan adentro
De qué estuviste hecha…
Tu voz de ayer
Tu voz de hace poco, antes de morir
Es otra.
Antes sos esos viejos
Hechos de espuma
Fragilidad de huella
Que quiere dejarse llevar.
***
Ese fondo imposible
Caída libre
Hasta dónde llegar?
Cómo salir?
Avergonzada.
Caer por donde nadie
Por como nadie
Cómo saber el recorrido.
Por qué caida y no camino.
Sola y avergonzada me choco con alguien
Imposible atravesarlo
Tan sólido el cuerpo.
Rodearlo es posible
Un poco
Contener sus ojos, sus manos
Su olor, su ruido.
Al diario ese que no tuve
ResponderEliminarHoy le contaría con mi
Andar apurado las veces
que intente caminar despacio
las veces que entendí
el valor de la palabra
la fuerza, la consecuencia
tome mis papeles guardados
sin tanta carga ni exigencia
y pude volver a escribir
aparecieron esas palabras
escondidas apretadas en los
rincones de mi cuerpo
pude encontrarme con el
interior de un mundo
abandonado y lleno de color
A la sombra
ResponderEliminarDe un algarrobo
Un viento fresco
Del sureste
Trato de acomodar
Mis huesos que no
Paran de chillar y
La cabeza de vibrar
El ruido del agua
Alivia la tortura
De postergaciones
Interminables
En esa fotografía
Encontré mis deseos
Y una caricia detonada
Volveré a mi origen….
[Experimento a partir de un diario de comidas que llevé en 2020]
ResponderEliminarDiario nutricional
27/2/2020
Desayuno: tomo una taza de café, como dos tostadas de pan de salvado con queso crema y mermelada, como una rodaja de sandía.
Almuerzo: un bife de carne vacuna acompañado por revuelto de zucchinis.
Merienda: 300 ml de licuado de banana más una cucharada de avena, más una cucharada de miel.
Cena: dos empanadas napolitana (queso cremoso, queso azul, tomate cherry, jamón y nuez), una empanada de acelga y queso, una porción de ensalada de zanahoria y manzana ralladas, pepino, alcaparras, con semillas de zapallo para agregar algo crocante.
Es la primera entrada del registro que me recomendó hacer la nutricionista. Me envió un recetario por mail, más un documento que especifica las combinaciones de tipos de alimentos y las cantidades recomendadas para cada comida. Hojeé el recetario. Me hice un esquema del plato modelo. Diagramé el recetario con forma de libro. Mañana voy a imprimirlo y encuadernarlo. Será mi primer libro de recetas, una plaqueta de recetas de edición independiente.
Todavía no hice compras, ni planifiqué comidas, no tomé con seriedad las noticias acerca del virus que recorre el mundo y se acerca cada vez más.
28/2
Desayuno una taza de café negro, siempre es negro, no sé por qué lo aclaro, dos panqueques de avena con queso blanco y miel. Como dos frutas: un durazno y una banana.
Media mañana: frutos secos, mate, dos galletitas de avena.
Almuerzo cuatro empanadas: dos napolitanas, dos de acelga y queso.
Entreno técnica de carrera: trote, cuestas, pasadas largas y trote es la secuencia. Una hora y media de actividad. Todavía se puede salir y volver.
Merienda/mediatarde: licuando de banana con trigo inflado y miel (300 ml) y un panqueque de avena relleno con jamón y queso.
Cena: dos fajitas de verdura (1 zuccini, 4 champis) con guacamole, tomo una lata de cerveza de 500 ml. Aunque estoy conforme con la variedad, me preocupa la abundancia de lo que como. Me preocupo demasiado. Me preocupa preocuparme demasiado.
29/2
Desayuno: tomo una taza de café negro, de vuelta la aclaración innecesaria, como dos tostadas con palta más dos fetas de queso en barra. Como dos rodajas de sandía. Debería hacer algo significativo con con este día extra que me regala el año bisiesto, van a pasar cuatro años hasta que tenga otro. Tendré otro?
Almuerzo una hamburguesa de carne vacuna con queso, ensalada de zanahoria y manzana ralladas, pepino, tomate cherry y guacamole. Los ingredientes se van recombinando, por ahora de manera creativa, en recetas que disfruto preparar. Me siento con energía, aunque tengo dudas acerca de las cantidades. Creo que como mucho, pero también quemo calorías y sobre todo, energía, que se transforma. Cuántas calorías se nos van en pensar? En tener una buena idea? Leí una vez que escribir era un asunto de respiración. Para correr largas distancias, tuve que aprender a respirar, adquirí un ritmo. Un buen ritmo de trote, por ejemplo, se comprueba cuando somos capaces de mantener una conversación mientras corremos. A conversar también se aprende. La comida colabora con ello, pero ¿cuántas calorías necesito para sostener una conversación memorable?
Meriendo una taza de yogurt casero con granola, más una cucharadita de miel. Como dos rodajas de sandía y un durazno.
Cena: cuatro porciones de pizza de muzzarella. Tomo una lata de cerveza (500 ml)