martes, 11 de abril de 2023

Intimidad

 


Una intimidad inofensiva – Fragmentos (Tamara Kameinzain)

·         Estamos ante un faltante de velo, o digámoslo con un término más pasado de moda, un faltante de discreción, donde más que preguntarse, como lo hacía Pizarnik, qué y sobre qué quiero escribir, directamente se escribe. Hacerlo así, sin tramitar ningún ritual iniciático, transforma aquel tesoro que la poeta tenía entre manos, pero cuyo valor parecía desconocer, en una materia aprovechable, una fuente de información doméstica que hoy todos, con cierta complicidad de época, no dudamos en llamar intimidad. Pero, ¿cómo es esa intimidad de hoy que nos transforma, como lectores, en involuntarios testigos de algo así, como las inmediateses ajenas? Si seguimos la señalización que nos proponen los postítulos de las cuatro secciones de Basta de escribir novelas, mi padre ha vuelto a la bebida, escribir poesía, ya no hay que escribir novelas, y quién soy, tal vez encontremos una lógica inesperada que aliviane nuestros supuestos acerca de lo que entendemos por intimidad.

·         Ya dijimos que escribir para estos poetas aparece como una inmediatez. Ninguna pregunta previa, ningún pedido de permiso, ningún ritual de iniciación lleva al sujeto que escribe a cuestionarse en su condición de tal. Aquí el ritual de iniciación y el hecho mismo de estar escribiendo se superponen. Es como si el que escribe se hubiera quedado tildado en su etapa autoral de aprendizaje y hubiera naturalizado ese momento de novedad que ahora se sostiene en el tiempo. El efecto que se genera es el de una infancia permanente, una inocencia extrema que a la manera del niño que está transitando la etapa de los porqués no se supera con ninguna respuesta. Por eso Alejandro Rubio seguramente parodiando a un lector desconcertado ante la poesía de Fernanda Laguna se pregunta “¿Fernanda Laguna es boluda?” Para concluir que la boluda autoconsciente de nada interroga a todo.

·         Es que la actividad de escribir poesía ya dejó de ser algo serio, como lo era para Pizarnik. Ahora, aquella dosis sacrificial que suponía el ejercicio del arte para la modernidad parece haber caído. Exactamente al revés de cómo lo concibe Pizarnik cuando se refiere a la vida perdida para la literatura por culpa de la literatura. Quiero decir, por querer hacer de mí un personaje literario en la vida real, fracaso en mi intento de hacer literatura con mi vida real. Hoy es la vida la que pone en jaque a la literatura cuestionándole sus límites. Por eso, cuando decimos que hoy se escribe entrenando o deportivamente, debe quedar claro que se lo hace no para comprometer cuerpo y alma en una vocación que puede resultar terminal, sino con fines prácticos, es decir, para obtener buenos resultados para la vida. Por ejemplo, para mejorar en el amor, o para saberlo todo, como decía Cecilia Pavón. En ese mismo sentido, escribir poesía parece también como un ejercicio de contabilidad. Se contabilizan por deporte las relaciones que se tuvieron y las que no se tuvieron. La intimidad inofensiva de hoy parece estar ocupándose simplemente de registrarlos. Así, lo mucho o lo poco, quedan asentados en esto que ahora se da en llamar poesía. Poesía de la que se habla todo el tiempo, pero siempre con el fin de hablar de otra cosa.

·         Entonces, lo que se hace presente ahora es una torsión autorreferencial, pero siempre atenta a reconocer lo propio en medio de lo ajeno. Dice Cecilia Pavón, “mi nombre está escrito frente a mí en letras de neón, hay un hotel con mi nombre, a este bar suelo venir cuando mi mente está en la nada”. Pero la supuesta objetividad realista de esta descripción se ve contaminada por otra realidad. La de un sujeto al que, casualmente, ese nombre le pertenece. La oportunidad del sujeto de reconocerse en su extimidad. El término extimidad, tal como lo concibe Lacan, representa a lo más próximo, en ti más que tú, que al mismo tiempo hace su aparición en el exterior. Se trata de una formulación paradojal que da cuenta del modo de ser del sujeto. Lo más íntimo habita afuera, como un cuerpo extraño, produciendo una fractura constitutiva de la intimidad, difícil de aceptar para el mismo sujeto, ya que se trata de un real que habita en lo simbólico. Ahora bien, frente a la irrupción de las redes sociales se comenzó a utilizar el término extimidad para dar cuenta de la novedad que significa exponer la propia intimidad en las vitrinas globales. Si, en cambio, convenimos en que, en lugar de velarlo, en el arte de hoy se está intentando exponer ese real, podríamos suponer que esa exposición ya propone un nuevo uso de lo que antes se velaba. Profanarlo significa simplemente abolir y eliminar las separaciones, sino aprender a hacer de ellas un nuevo uso, a jugar con ellas, dice Agamben.

·         Entonces, si es estar y no ser lo que define a estos escritores de la intimidad inofensiva éxtima, queda claro que en vez de bucear en las profundidades buscando alguna respuesta metafísica con relación al ser, escribir poesía consistiría ahora en el ejercicio de mantenerse siempre a flote, marcando un territorio al nivel del quién soy, una expresión cuyos efectos de sintaxis dentro de estos textos obligan a leerla más bien como un aquí estoy.


Les comparto a una autora de Córdoba, Gabriela Milone. 









Ahora bien, si llevaron un diario no diario ¿Cómo comenzarían? ¿Qué cosas podrían contarle a los lectores?


17 comentarios:

  1. Este ejercicio lo hice ficcionando algunas páginas que encontré del ejercicio diario propuesto en El camino del Artista.

    26 de junio de 2017
    Acompañar al baño a una persona mayor no necesariamente es verla desnuda. El cuerpo se llena de pliegues que recubren lo que a uno podría darle pudor. Veo la panza de mi abuela y pienso en sus tres embarazos, en que sólo han vivido el tío y mi papá. Hace unos días mi otra abuela me preguntó si Juana extrañaba a Quina, la señora que vivía en la casa del fondo, como si no tuviera ya suficiente para llorar.

    29 de junio de 2017
    ¿Qué debería mirar alguien que cuida a un interno de hospital? Una botellita cargada hasta la mitad hace burbujas y se conecta a una manguera que llega hasta la nariz de mi abuela. La posición obtusa parece incómoda. Lleva varias horas sentada en esa inclinación de reposera. El ronquido es parejo y se mimetiza con el de la señora de la cama de al lado. El azar nos pone a compartir habitaciones e inexplicablemente nos sentamos cerca de las excreciones de un extraño.

    30 de junio de 2017
    No sé dónde dejé la campera de hilo azul. Olvido mis libretas en lugares que -en otro momento- no hubiese apoyado nada. Aparece una hoja en el baño, un grabador en el sillón. Siento que me pierdo. Es difícil llevar la casa a cuestas.

    1 de julio de 2017
    Esta mañana desperté con una baba verde en un ojo y -ahora- me pica. No puedo evitar pensar a los hospitales como lugares llenos de gérmenes. La señora con quien compartimos la habitación 204 se llama Ana Pellegrini. Tiene la bolsita de pis en 100 cm3, los pies al aire, los empeines violetas y está sola. Su nieta Lucia viene por las tardes. Tiene un novio muy simpático, saluda a mi abuela y cuando se va le dice “Suerte”.
    -¿Qué?
    -Suerte
    -¿Qué?
    -SUERTE
    “Es feo”, me dice, “esto de gritarles”.

    2 de julio de 2017
    En la garganta de mi abuela hay un chifle, de a ratos pita fuerte, de a ratos más suave. Ana me dice “cuando tengo un pensamiento feo repaso las tablas. No uso la calculadora: sumo, resto, multiplico, divido, saco el “tanto por ciento”, todo con lápiz; y pensar que cuando era chica creía que me costaba.”

    4 de julio de 2017
    Creí que escribiría mis páginas diarias mirando al fondo, frente a la ventana que da a la parra. Pienso que podré transformar ese gris del jardín en naranjas, verdes, rojos. Ayer no escribí nada, ¿servirá para algo esto? Resulta extraño escribir sin pretensiones literarias. Desde este cuarto escucho los martillazos en el techo de la que -espero- será mi casa. La temperatura no baja de los 12°, el sol está intenso y el viento calmo. Contemplo -desde adentro- el cuerpo de mi abuela, por si me llama. Contengo las ganas de estar al viento, de acariciar a los gatos y revisar los frutitos incipientes del limonero. Cuidar a alguien es adoptar la quietud de la ancianidad, la cárcel de la vejez, una forma prematura de muerte.

    20 de julio de 2017
    Hoy puede desayunar al sol. Lamenté tener que sacar con la pala ancha las plantas de acelga silvestre. Alguien puso veneno para hormigas y apestó todas las hojas. Los frutos del limonero tienen el tamaño de las almendras y en el parral cuelgan un montón de pelotitas, como semillas de mostaza.

    27 de julio de 2017
    Cuando llueve en un pueblo todo se para. Nadie va al almacén, no compran pan ni van a clase. Sin clientes a la vista, el chico de la farmacia tiene tiempo de mirar las estanterías. Mira los medicamentos y piensa en Cristina, en Inés, en Rosa. Las llamas: “llegó el Miopropán, la Risperidona, el Ensure”. “Gracias Luciano”, le responden, pero a nadie se le ocurre salir a la calle en medio de la tormenta. La grasa caliente espera a la masa que reposa en la tabla, como una rosca aplastada. Las tortas fritas se sumergen en la olla a 150° y ahí se espera -tranquilo- que la lluvia baje.

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    1. Ahora, lo que me salió en estos días nublados y fríos

      Esa noche la intimidad fue inofensiva.
      El gato jugaba con los lápices
      arañaba los papeles, los libros
      y vos querías escribir, lo intentabas.
      Después fue la almohada
      sobrevolaron plumas como bandadas de pájaros blancos.
      Acostada en la cama, veías en el vuelo
      el itinerario de una escritura repetitiva, siempre en círculo.
      El gato negro saltaba, se estiraba
      no podía con la levedad, privilegio solo de los pájaros.
      Esa noche, el gato y vos no dormirían
      esperarían una pluma, solo una que cayera
      y vos tal vez escribirías.
      Nadie sacó una foto ni filmó
      la agitación del gato
      su destreza
      las garras agigantadas en la pared
      la pericia de las plumas convertidas en pájaros
      ni la terquedad de los ojos esperando una pluma.
      Al día siguiente nadie dio cuenta de la luz del sol
      en una habitación vacía
      una cama sin sábanas
      sin almohadas,
      a falta de cielo
      una pluma sola en el colchón.

      Esquejes

      No sé cuándo
      guantes en las manos
      tijera pico de pájaro
      azadilla en la tierra

      no sé cómo
      mis piernas
      esquejes
      de plantas abandonadas

      ahora
      mis brazos
      largos filamentos verdes

      se va yendo la sombra.

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    2. Me gusta cómo el despojo de pretensiones, le da a la escritura una potencia muy clara. Me conmovió especialmente la imagen del cuidado como una quietud que se adopta. Hermoso texto

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  2. En el fondo de algún lugar corren las agujas de un reloj
    que no existe pero tiene forma
    que se escucha pero no tiene sonido
    avanza aunque no sabe de tiempo
    a veces hacia delante y otras hacia atrás
    oscila en el tiempo finito de la existencia
    no entiende de nostalgias tampoco de crisis
    mucho menos de paciencia ante las cosas que se rompen en el camino
    y es así como mi diario se asemeja a jugar a la rayuela
    tirar la piedra y saltar
    esquivando algunos asuntos pendientes pero también
    haciendole frente a otros sin vacilar
    aprendiendo a tener cintura en un ritmo tan cambiante
    que a veces genera una ansiedad constante
    pero otras también -y por suerte- me invita a bailar

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    1. Perdón, olvidé poner mi nombre (Qué olvido tan interesante para llevarlo a análisis)

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  3. EXTIMIDAD

    si tuviera un no diario
    escribiría sobre la metáfora
    que alivia y
    clausura

    cuidaría los bordes
    antes de que se borren las líneas
    de la casa
    la persona
    y el árbol

    dibujaría un fantasma
    que proyecte una intimidad
    leible
    amable

    que tan lábil es la estructura
    de las cosas
    las personas
    los árboles
    y de lo que no se percibe
    y se repite

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  4. Textos de Karina:
    Mi no diario.

    Domingo 16 de abril de 2023.

    Si escribiera un no diario
    Escribiría lo mucho que me gustaría
    Salirme de mí y decir lo indecible:
    Eso que hiere, avergüenza
    Deja expuesta una vida.

    Si escribiera un no diario
    Quisiera alivianar mis pesos
    Mostrar mis dolores
    Sin temor de desangrarme.

    Lunes 17 de abril de 2023

    Si escribiera un no diario
    Contaría los asuntos que me aquejan
    Como hoy en el trabajo
    Cuando comuniqué a mis compañeros
    Una decisión
    Con la que no estuvieron de acuerdo
    Y me quedé sola,
    Sin poder moverme.

    Si escribiera un no diario
    Escribiría sobre ese árbol
    Que cambia de colores y de follaje
    Antes que los demásdespojándome de mí
    Y mis pensamientos.

    Si escribiera un no diario
    Me gustaría escribir en otro idioma,
    En chino por ejemplo
    Porque no existe el ser
    Que me ancla
    En un tiempo espacio
    Inmóvil.

    Si escribiera un no diario
    Quisiera curarme de ese deseo inhumano de control
    Que me acerca a mis ideales
    Y me aleja de mis placeres.

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  5. Otros textos de Kari:
    Cómo robar un espacio, un tiempo?...
    Esos viejos alegres, claros
    Sus voces se alzan, sus risas.
    Tomo un café
    Pienso en vos
    Los escucho.

    Cómo habría sido tu vida en bares,
    Plazas, ruidos de afuera.

    Tanto silencio, tan adentro
    De qué estuviste hecha…
    Tu voz de ayer
    Tu voz de hace poco, antes de morir
    Es otra.

    Antes sos esos viejos
    Hechos de espuma
    Fragilidad de huella
    Que quiere dejarse llevar.

    ***
    Ese fondo imposible
    Caída libre
    Hasta dónde llegar?
    Cómo salir?
    Avergonzada.

    Caer por donde nadie
    Por como nadie
    Cómo saber el recorrido.
    Por qué caida y no camino.

    Sola y avergonzada me choco con alguien
    Imposible atravesarlo
    Tan sólido el cuerpo.

    Rodearlo es posible
    Un poco
    Contener sus ojos, sus manos
    Su olor, su ruido.

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  6. Al diario ese que no tuve
    Hoy le contaría con mi
    Andar apurado las veces
    que intente caminar despacio

    las veces que entendí
    el valor de la palabra
    la fuerza, la consecuencia

    tome mis papeles guardados
    sin tanta carga ni exigencia
    y pude volver a escribir

    aparecieron esas palabras
    escondidas apretadas en los
    rincones de mi cuerpo

    pude encontrarme con el
    interior de un mundo
    abandonado y lleno de color


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  7. A la sombra
    De un algarrobo
    Un viento fresco
    Del sureste

    Trato de acomodar
    Mis huesos que no
    Paran de chillar y
    La cabeza de vibrar

    El ruido del agua
    Alivia la tortura
    De postergaciones
    Interminables

    En esa fotografía
    Encontré mis deseos
    Y una caricia detonada

    Volveré a mi origen….

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  8. [Experimento a partir de un diario de comidas que llevé en 2020]

    Diario nutricional


    27/2/2020

    Desayuno: tomo una taza de café, como dos tostadas de pan de salvado con queso crema y mermelada, como una rodaja de sandía.

    Almuerzo: un bife de carne vacuna acompañado por revuelto de zucchinis.

    Merienda: 300 ml de licuado de banana más una cucharada de avena, más una cucharada de miel.

    Cena: dos empanadas napolitana (queso cremoso, queso azul, tomate cherry, jamón y nuez), una empanada de acelga y queso, una porción de ensalada de zanahoria y manzana ralladas, pepino, alcaparras, con semillas de zapallo para agregar algo crocante.

    Es la primera entrada del registro que me recomendó hacer la nutricionista. Me envió un recetario por mail, más un documento que especifica las combinaciones de tipos de alimentos y las cantidades recomendadas para cada comida. Hojeé el recetario. Me hice un esquema del plato modelo. Diagramé el recetario con forma de libro. Mañana voy a imprimirlo y encuadernarlo. Será mi primer libro de recetas, una plaqueta de recetas de edición independiente.
    Todavía no hice compras, ni planifiqué comidas, no tomé con seriedad las noticias acerca del virus que recorre el mundo y se acerca cada vez más.

    28/2

    Desayuno una taza de café negro, siempre es negro, no sé por qué lo aclaro, dos panqueques de avena con queso blanco y miel. Como dos frutas: un durazno y una banana.

    Media mañana: frutos secos, mate, dos galletitas de avena.

    Almuerzo cuatro empanadas: dos napolitanas, dos de acelga y queso.

    Entreno técnica de carrera: trote, cuestas, pasadas largas y trote es la secuencia. Una hora y media de actividad. Todavía se puede salir y volver.

    Merienda/mediatarde: licuando de banana con trigo inflado y miel (300 ml) y un panqueque de avena relleno con jamón y queso.

    Cena: dos fajitas de verdura (1 zuccini, 4 champis) con guacamole, tomo una lata de cerveza de 500 ml. Aunque estoy conforme con la variedad, me preocupa la abundancia de lo que como. Me preocupo demasiado. Me preocupa preocuparme demasiado.


    29/2

    Desayuno: tomo una taza de café negro, de vuelta la aclaración innecesaria, como dos tostadas con palta más dos fetas de queso en barra. Como dos rodajas de sandía. Debería hacer algo significativo con con este día extra que me regala el año bisiesto, van a pasar cuatro años hasta que tenga otro. Tendré otro?

    Almuerzo una hamburguesa de carne vacuna con queso, ensalada de zanahoria y manzana ralladas, pepino, tomate cherry y guacamole. Los ingredientes se van recombinando, por ahora de manera creativa, en recetas que disfruto preparar. Me siento con energía, aunque tengo dudas acerca de las cantidades. Creo que como mucho, pero también quemo calorías y sobre todo, energía, que se transforma. Cuántas calorías se nos van en pensar? En tener una buena idea? Leí una vez que escribir era un asunto de respiración. Para correr largas distancias, tuve que aprender a respirar, adquirí un ritmo. Un buen ritmo de trote, por ejemplo, se comprueba cuando somos capaces de mantener una conversación mientras corremos. A conversar también se aprende. La comida colabora con ello, pero ¿cuántas calorías necesito para sostener una conversación memorable?

    Meriendo una taza de yogurt casero con granola, más una cucharadita de miel. Como dos rodajas de sandía y un durazno.

    Cena: cuatro porciones de pizza de muzzarella. Tomo una lata de cerveza (500 ml)

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