“Como todos los paraísos el del Edén se
encuentra en el centro del mundo. En medio del jardín se elevaban el árbol de
la vida y del conocimiento del bien y del mal. Yahvé impuso al hombre un
mandamiento; “puedes comer de todos los arboles del jardín; pero del árbol del
conocer del bien y del mal no comas”. De esta prohibición se desprende una idea
desconocida en otros ambientes: el valor existencial del conocimiento. La
ciencia puede modificar radicalmente la estructura de la existencia humana.
Sin embargo, la serpiente logro tentar a
Eva; “en cuanto comáis de él, se os abrirán los ojos y sereis como Dios”. El
relato bíblico presenta a adán como víctima ingenua de la pérfida serpiente.
Una vez hecho omnisciente, al igual que los dioses, Adán habría podido
descubrir el árbol de la vida y hacerse inmortal. El texto es claro y categórico;
“si el hombre es ya como uno de nosotros, versado en el bien y el mal, ahora
solo le falta echar mano al árbol de la vida, coger, comer y vivir para
siempre. Dios expulso a la pareja del paraíso y los condeno a trabajar para
vivir.” (Mircea Eliade)
**
Memoria iluminada, galería donde
vaga la sombra de lo que espero.
No es verdad que vendrá.
No es verdad que no vendrá.
Ella no espera en si misma.
Nada de sí misma.
Demasiado ensimismada.
Sólo vine a ver el jardín
donde alguien moría
por culpa de algo que no pasó
o de alguien que no vino.
Ella es un interior.
Todo ha sido demasiado
y ella se irá
Y yo me iré.
Un claro en el jardín oscuro o un pequeño
Espacio de luz entre hojas negras.
Allí estoy yo, dueña de mis cuatro años,
Señora de los pájaros celestes
Y de los pájaros rojos.
-Te voy a regalar a no sé quién.
-¿Cómo sabes que le gustaré? -dice.
-Voy a regalarte -digo.
-Nunca tendrás a quién regalar un pájaro -dice el pájaro
Entrevista a Alejandra Pizarnik
Por Marta Isabel Moia [*]
Entrevista de Martha Isabel Moia, publicada en El deseo de la palabra, Ocnos,
Barcelona, 1972.
M.I.M. - ¿Entraste alguna vez en el jardín?
A.P. - Proust, al analizar los deseos, dice que los deseos no quieren
analizarse sino satisfacerse, esto es: no quiero hablar del jardín, quiero
verlo. Claro es que lo que digo no deja de ser pueril, pues en esta vida nunca
hacemos lo que queremos. Lo cual es un motivo más para querer ver el jardín,
aun si es imposible, sobre todo si es imposible.
M.I.M. - Mientras contestabas a mi pregunta, tu voz en mi memoria me dijo desde
un poema tuyo: mi oficio es conjurar y exorcizar.*
A.P. - Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo
que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta
es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría
exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida
fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.
caes una vez más por la ranura de la noche
sin más armas que los ojos abiertos y el terror
contra los invasores insolubles en el papel en blanco.
Ellos eran legión.
Legión encarnizada era su nombre
y se multiplicaban a medida que tú te destejías hasta el último hilván,
arrinconándote contra las telarañas voraces de la nada.
El que cierra los ojos se convierte en morada de todo el universo.
El que los abre traza las fronteras y permanece a la intemperie.
El que pisa la raya no encuentra su lugar.
Insomnios como túneles para probar la inconsistencia de toda realidad;
noches y noches perforadas por una sola bala que te incrusta en lo oscuro,
y el mismo ensayo de reconocerte al despertar en la memoria de la muerte:
esa perversa tentación,
ese ángel adorable con hocico de cerdo.
¿Quién habló de conjuros para contrarrestar la herida del propio nacimiento?
¿Quién habló de sobornos para los emisarios del propio porvenir?
Sólo había un jardín: en el fondo de todo hay un jardín
donde se abre la flor azul del sueño de Novalis.
Flor cruel, flor vampira,
más alevosa que la trampa oculta en la felpa del muro
y que jamás se alcanza sin dejar la cabeza o el resto de la sangre en el umbral.
Pero tú te inclinabas igual para cortarla donde no hacías pie,
abismos hacia adentro.
Intentabas trocarla por la criatura hambrienta que te deshabitaba.
Erigías pequeños castillos devoradores en su honor;
te vestías de plumas desprendidas de la hoguera de todo posible paraíso;
amaestrabas animalitos peligrosos para roer los puentes de la salvación;
te perdías igual que la mendiga en el delirio de los lobos;
te probabas lenguajes como ácidos, como tentáculos,
como lazos en manos del estrangulador.
¡Ah los estragos de la poesía cortándote las venas con el filo del alba,
y esos labios exangües sorbiendo los venenos de la inanidad de la palabra!
Y de pronto no hay más.
Se rompieron los frascos.
Se astillaron las luces y los lápices.
Se degarró el papel con la desgarradura que te desliza en otro
laberinto.
Todas las puertas son para salir.
Ya todo es el revés de los espejos.
Pequeña pasajera,
sola con tu alcancía de visiones
y el mismo insoportable desamparo debajo de los pies:
sin duda estás clamando por pasar con tus voces de ahogada,
sin duda te detiene tu propia inmensa sombra que aún te sobrevuela en busca de otra,
o tiemblas frente a un insecto que cubre con sus membranas todo el caos,
o te amedrenta el mar que cabe desde tu lado en esta lágrima.
Pero otra vez te digo,
ahora que el silencio te envuelve por dos veces en sus alas como un manto:
en el fondo de todo jardín hay un jardín.
Ahí está tu jardín,
Talita cumi.
He construído un jardín
He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos
dejarse ir para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.
Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.
Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.
**
LEYENDA
“la bellezza, la rotura impetuosa
con la terra impareggiabile, amore”
Salvatore Quasimodo
Mientras se aleja la luna en el cenit de su
belleza
mientras la mañana
fría de primavera sin pudor se despliega en
su belleza
Sueño
Dos veces en dos días retorna el ciruelo rojo a mi sueño
Lo he plantado en esta primavera
¿Qué sé de su sentir
en la noche helada donde el viento lo doblega?
Lábil el tronco joven se quiebra
Lo han quebrado
y lloro de rodillas ante el muñón
y la copa desvanecida. Lloro sosteniéndolo en mis manos
donde se vuelve de plata, no de polvo su corteza
Una mujer sin porvenir confiesa
que ha soñado
los niños innumerables. Los animalitos y el reino
vegetal de la tierra como su herencia. Ante una azucarada
copita de menta, la madre, la materia, le otorga los
nombres para nombrar la primavera, Le otorga la ley
que los separa
dándoles existencia. Cuarenta años después lo recuerda
y al segundo día, el sueño segundo se devela:
en lugar de aquél
han de plantar un ciruelo anoso, un árbol de veras
Ella tiembla. Se ha de secar, dice, desconfiando
y despierta. Dispuesta a esperar los años venideros
la paciencia del jardín, el lábil ciruelo
no de encaje en prístina blancura. Rojo y los penachos
rosados de sus flores. Su porvenir. El que le ha tocado
**
Caminé en la primavera temprana
por los senderillos de las islas
viendo a cada árbol encender su gracia
definitiva. Detenerse en el detalle
precioso de la forma. Yo su hermana
¿con mi corona de zarcillos propios?
Hasta el día final renuevan o revelan
la infancia. Volver sobre un objeto. Un
jardín de arena sabiendo que no son
menos vivas las piedras. Sabiduría
en la diversidad y belleza en la
repetición. ¿He ahí la invisible costura
que nos separa? Una identidad hallada en
la obediencia, ¿o acaso sueñan los árboles
con eljardín salvaje donde al orden
que los concibe dueños de sí alteran?
Para el mundo vegetal ¿hay Leyenda?
Huelo en mis muñecas la colonia
de acquarosa que compraste en el verano
y renuevo tu sonrisa de deleite
Cada vez, las mismas cosas,
la canoa deslizándose en las aguas del ocaso
Siempre nuevas. Trae sus niños Y sus muertos
esta dulce primavera. Antulio ya
no amasará su pan casero, ni el viejo
tonto que puso entre mis manos un cuaderno
con todos los secretos que Crusoe precisaría
para vivir en la lejana isla
desierta. Vagabunda en su decrepitud
vieja y sorda les sobrevive la perra hiena
Un alma sabia dice, su amiga cuya memoria
otro invierno la contiene. ¿Volverá
la mariposa celeste del verano?
sími amor, esperándote. Mi eternidad
en la ilusión de las formas alzo
Caer en la tentación de homologar
como belleza el reino de la necesidad
Copiar un árbol, o los lirios silvestres
de amarillo y de violeta. O un yuyito
cualquiera perdido en la marea de septiembre
Ni qué decir la escena de masivo asombro
cuando un colibrí furtivo se acerca
en los planos bajos del verde, y arriba
desde el ojo de un aguilucho montero,
no ver comida, sino los tronos vivos
de la materia. Caer en la tentación
La Mari limpia el caserón de los ingleses
y los albañiles alzan estructuras de acero
Desmalezo un canterito y planto: orégano,
perejil, cilantro. La peperina y un macizo
de flores afrutillado. No ser la narradora
sino la diosa fuera del lenguaje. Caer en la
tentación de homologar, como belleza el reino
de la necesidad. ¿Necesidad de qué? De tentar
con las formas vivas un concierto que
exprese gratuidad: Desde leyenda
Ahora que miro el despertar, y antes que la
hechizada cantidad del verano me adormezca
Si olvidamos el jardín, no habrá dulces de durazno
No habrá niños en la humana cavidad de nuestras manos
Puestos a soñar con la tierna pelambre
de un cabrito se vigila crepitar
sobre el fuego una pata de cordero
La templada mañana de septiembre
cede. Una lluvia serena y fría
discurre sobre el verde. Tanto pasa,
mientras una mujer lava los manteles y
otra, cae en la tentación de mirarla
Tomo la pulida piedra
de tus manos heredada, viejo César,
a medias excluída de la lengua
sin embargo también te pertenezco
en mi palma brilla, corazón de diamante
traducido a lágrima,
a pérdida de sentido porque el agua
cristaliza fugaz esta forma
o la otra. Fuera de sistemas la fe
de una mujer se vuelve
habla de niña tonta
Mira, César, el vulgo canta
en la antesala de tu imperio
Tiene miedo y no elabora
fronteras o guerras de la fe
que enemigo reducible
a otro vuelva. Las cosas
se apartan entre sí
como estrellas en el silencio,
se privilegia, hoy aquí, mañana
quién sabe
cuando el alma enmudecida
de un cuerpo de mujer, susurra
y después, abierta en el jardín
la rosa madurada, roja de dolor
en la belleza de partir
simplemente, canta
***
¿El horror es un detalle
como el sonido de un pétalo
que cae?
Ser vulnerables nos enseña
un sueño de mutualidad
Lo que se ha mirado bien quizás
se alza para siempre en la mirada:
imagen recompuesta en
las cenizas donde nunca
nos decimos adiós
Acodaduras
ResponderEliminarObserva los arbustos
separa la hierba enmarañada y la corta. Un murmullo
-tal vez un permiso-
sale de su boca.
Remueve la tierra, dibuja canteros
limpia ramilletes verdes, largos
filamentos se abren, se estiran
corre el aire y brillan al sol
estambres con flores amarillas.
Mientras trabaja me dice que tengo un jardín grande
pero vacío
_podría sugerirle algunos rincones
con otras plantas y flores
también algunos frutales.
_estoy de paso en esta casa
se ha vendido y pronto
la van a demoler.
Suspira, se pasa el antebrazo por la frente, levanta la vista
apenas alcanza a preguntarme
algo se encoje en mi pecho, otro duelo
tardo en contestarle.
¿Qué universo de vástagos y acodaduras
cuando caigan los escombros, buscará
salir?
Me insiste con ir al vivero
al día siguiente vamos al vivero
enterramos bulbos de lirios y tulipanes, en algún lugar
ubicamos la esperanza.
En lo bajo de la tierra
Eliminartúneles hacen los topos
surcos frecuentes las hormigas
caracoles visten cortezas.
Mastican sin saciedad ni cordura
como máquinas fresadoras. ¿Acaso, el infierno
es esta legión de insectos que no deja descender
a los ángeles ni meditar a los árboles?
Nada a salvo en este Paraíso prometido, oculto
tras la noche de los tiempos.
Fue traición y muerte, Getsemaní
y los jardines ingleses. Eva y Adán
parodia del reino de los cielos.
Quiero ver volar el pájaro de alas color naranja
con su sombra y el pecho abierto.
En lo alto vuela, allí
donde trepidan mariposas.
No te metas
ResponderEliminarEn mi jardín
Lleno de maleza
Y árboles frutales
Me hablan
Me despiertan
Mis apagados
Afectos
El ciruelo blanco
Un duraznero rosado
Guinda, higueras,
Cafetos sin color
Con su presencia
Crecí, jugué
Subía, bajaba
Y el grito de mama
Femenina tierna esbelta
ResponderEliminarPanzona de talle corto
Acompaña al rey y a la reina
en sus caminatas diarias
por lugares extraños
jardines colmados de ligustrines
cortados en formas geométricas
Llena de gracia y soltura
escolta con pasos tranquilos
a los reyes
Existen descansos
llenos de luz , sombra
la salida los encuentra
por un costado oculto
inunda el verde rojo
Al fin la libertad
Protocolo de espera
ResponderEliminarVivo en una casa de paredes blandas
los ruidos que vienen de la calle las penetran
ocupan todas las habitaciones
siguen viaje hasta que vuelven a ser ajenos
También las conversaciones que tengo
conmigo mismo y con el gato
―sospecho―
escapan de mis manos
como un líquido que no puedo retener
En la pared del fondo hay una parra
que avanza sin forma, parece
una madreselva o algún tipo de hiedra
los rosales tienen casi mi edad
y mi altura
una multitud de arañas teje
sin descanso por todos los rincones
las combato con resignación
así acepto el paso del tiempo
La casa por momentos me parece
pequeña, su diseño imperfecto
para albergar los muebles y objetos
que tengo o que quiero tener
por momentos se me hace gigante
de noche
las ramas de la morera vecina
raspan el techo de chapa
como las zarpas de un animal
que me busca a tientas
A veces me desvelo
paso la noche a oscuras
confundo algún reflejo de los faros de un auto
con un fantasma sin asunto
Cuando pienso en vos
siento que la casa se hunde
por uno de sus lados:
Tu costado de la cama vacío
la cabecera de la mesa de picnic
bajo el ciruelo
donde miro por acto reflejo
y no te veo
Hago arreglos y pequeñas mejoras
limpio los sitios descuidados
las arañas retroceden
los ruidos pasan desapercibidos
los rosales crecen
imperceptibles
mientras miro
hacia la puerta de calle e imagino
el momento en que entrás por primera vez.
Buenas, dejo el link de drive para evitar el corte de versos:
ResponderEliminarhttps://docs.google.com/document/d/1ubyGsqBo4gDp7dV6SGb2QeFGKoyE7fc6/edit?usp=sharing&ouid=117671546917530796020&rtpof=true&sd=true
Florencia
Poema de Raquel
ResponderEliminarJardín
Es mi hogar
Mi refugio verde
oloroso a tierra húmeda
no me resisto
Allí soy una mariposa
Una abeja o una mantis religiosa
Los pensamientos
pertenecen a fantasmas
Todo resplandece
Me transforma sutilmente
Al caminar descalza
La tierra me canta
Vibra, me arrulla,
Me sostiene el alma
Ni cuenta me doy
que ahí vuelvo desmembrada
y me entrego a su magia
No me da miedo morir en mi jardín
Soy tierra y parte suya
Igual a todos sus habitantes
diurnos
nocturnos
indescifrables
amables.
¿Cómo sobrevivir al jardín?
ResponderEliminarfugar la falta
y huir de la serie
ahogar el ego
con plantas
de plástico,
descomponer el cemento
y nadar en estanques de cal
fundirse con el viento
de los días en despacito
en la sombra
de algún reparo
habitar la pausa
en la repetición
de lo absurdo