Gansos
salvajes (Sharon Olds)
No tenés por qué ser buena.
No tenés por qué caminar de rodillas
cientos de kilómetros a través del
desierto, arrepintiéndote.
Solamente tenés que dejar que el suave
animal de tu cuerpo
ame lo que ama.
Contame del dolor, tu dolor, y yo te
contaré del mío.
Mientras tanto, el mundo sigue girando.
Mientras tanto, el sol y los nítidos
cristales de la lluvia,
atraviesan los paisajes,
las llanuras y los bosques profundos,
las montañas y los ríos.
Mientras tanto, los gansos salvajes, en lo
alto del cielo, puro y azul
vuelven a casa otra vez.
Quienquiera que seas, no importa cuán sola
estés,
el mundo se ofrece a tu imaginación,
te llama como los gansos salvajes, áspero y
apasionado,
anunciando una y otra vez tu lugar
en la familia de las cosas.
Pájaro
azul (Charles Bukowski)
Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.
Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los meseros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que está ahí dentro.
hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme problemas?
¿es que quieres joder
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de
mis libros
en Europa?
Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo lo dejo
salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.
luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?
ENTONCES EN LAS AGUAS
DE CONCHÁN (Antonio Cisneros)
(Verano 1978)
Entonces en las aguas de Conchán ancló una
gran ballena.
Era azul cuando el cielo azulaba y negra con la niebla. Y era azul.
Hay quien la vio venida desde el Norte (donde dicen que hay muchas).
Hay quien la vio venida desde el Sur (donde hiela y habitan los leones de mar).
Otros dicen que solita brotó como los hongos o las hojas de ruda.
Quienes esto repiten son las gentes de Villa El Salvador, pobres entre los
pobres.
Creciendo todos tras las blancas colinas y en la arena: Gentes como arenales en
arenal.
(Sólo saben el mar cuando está bravo y se huele en el viento).
El viento que revuelve el lomo azul de la ballena muerta. Islote de aluminio
bajo el sol.
La que vino del Norte y del Sur y solita brotó de las corrientes.
La gran ballena muerta.
Las autoridades temen por las aguas: la peste azul entre las playas de Conchán.
La gran ballena muerta.
(Las autoridades protegen la salud del veraneante).
Muy pronto la ballena ha de pudrirse como un higo maduro en el verano.
La peste es, por decir, cuarenta reses pudriéndose en el mar
(o doscientas ovejas o mil perros).
Las autoridades no saben cómo huir de tanta carne muerta.
Los veraneantes se guardan de la peste que empieza en las malaguas de la arena
mojada.
En los arenales de Villa El Salvador las gentes no reposan.
Sabido es por los pobres de los pobres que atrás de las colinas
flota una isla de carne aún sin dueño.
Y llegado el crepúsculo -no del océano sino del arenal-
se afilan los mejores cuchillos de cocina y el hacha del maestro carnicero.
Así fueron armados los pocos nadadores de Villa El Salvador.
Y a medianoche luchaban con los pozos donde espuman las olas.
La gran ballena flotaba hermosa aún entre los tumbos helados. Hermosa todavía.
Sea su carne destinada a diez mil bocas.
Sea techo su piel de cien moradas.
Sea su aceite luz para las noches y todas las frituras del verano.
LA MANTIS RELIGIOSA (José Watanabe)
Mi mirada cansada retrocedió desde el
bosque azulado por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecía
inmóvil a 50 cms. de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras
calientes de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos
contritas,
confiando excesivamente en su imitación de
rama o palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo
siempre nos descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una
fina y quebradiza cáscara.
Una enciclopedia casual me explica ahora
que yo había destruido
a un macho vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la
historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y
meneándose, llamando hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una lengua tubular hasta el
estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva
cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto
interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo
absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del
seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia
de la cópula a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara ella vuela, su lengua
otra vez lengüita.
Las enciclopedias no conjeturan. Ésta
tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca
abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de
una palabra de agradecimiento.
(del libro el Huso de la palabra)
LA ORUGA
Te he visto ondulando bajo las cucardas,
penosamente, trabajosamente,
pero sé que mañana serás del aire.
Hace mucho supe que no eras un animal
terminado
y como entonces
arrodillado y trémulo
te pregunto:
¿sabes que mañana serás del aire?
¿te han advertido que esas dos molestias
aún invisibles
serán tus alas?
¿te han dicho cuánto duelen al abrirse
o sólo sentirás de pronto una levedad, una
turbación
y un infinito escalofrío subiéndote desde
el culo?
Tú ignoras el gran prestigio que tienen los
seres del aire
y tal vez mirándote las alas no te
reconozcas
y quieras renunciar,
pero ya no: debes ir al aire y no con
nosotros.
Mañana miraré sobre las cucardas, o más
arriba.
Haz que te vea,
quiero saber si es muy doloroso el
aligerarse para volar.
Hazme saber
si acaso es mejor no despegar nunca la
barriga de la tierra.
(del libro Historia Natural)
EL LENGUADO
Soy
lo gris contra lo gris. Mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil
que me permite comer y burlar enemigos
me ha deformado. He perdido la simetría
de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del rostro.
soy
un pequeño monstruo invisible
tendido siempre sobre el lecho del mar.
Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena
y los grandes depredadores me rozan sin
percibir
mi miedo. El miedo circulará siempre en mi
cuerpo
como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho.
Soy
una palada de órganos enterrados en la
arena
y los bordes imperceptibles de mi carne
no están muy lejos.
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin
miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces
toda la arena, todo el vasto fondo marino.
(del libro Cosas del cuerpo)
Epifanía
del perro (César Mermet)
Repentino, veloz y sucesivo
terrestre colibrí, cuadrúpedo versátil,
con el vidente hocico el perro
persigue abecedarios dislocados en árboles y muros,
restituye en lecturas instantáneas
un fragmentario texto, evanescentes testimonios
de ausentes persistentes,
descifrando en el aire un palimpsesto,
la pululante estela, la saga tumultuosa
en volvedor olvido,
del numeroso clan que el mundo orina
delectación, saludo, reencuentro a pata alzada
y siembra de aquí estuve,
en numinosos sitios convocantes.
Remonta el perro difusos parentescos,
el linaje, la crónica, el ácido mensaje
de olores solidarios y entusiastas.
Tenaz, certero, el perro sigue
contradictorios rumbos, inspiraciones diagonales;
pero actuando conjura el habitado tiempo,
teje y reintegra una coral figura,
leva un urgente censo
de espectros fraternales que invoca remedando,
y puntualiza, suma, funda especie,
el júbilo en la especie,
y él es la especie rescatada,
toda la tribu, la memoria entera;
y en temblorosa epifanía,
él es total, el uno en muchos
y todos los transitivos en el uno.
Ahora el perro, sentado, se relame.
Altiva la cabeza, rotunda, convencida, iluminada;
magnánima, la sabia lengua pende, rezumando,
y su mirada abarca nada y todo
cielo y perro.
Entronizado el perro en perro,
jadea en plenitud, reposa, lacrimoso,
en la certeza estólida de ser la olida suma,
miríada de olfatos, moviendo las orejas.
Transeúntes, peregrinos,
efímeros, constantes, devocionales perros
en la tarea solemne de dejar anales, memorables zócalos,
patéticas señales, humedades,
en herrumbres, ladrillos y maderas.
Constelación de perros, todos en él, actuales,
todos los obsedidos corredores, presos
en laberintos del olor del aire;
de tensa cola a índigo hociqueo
dorsal flecha lanzada a la pregunta interminable
de ser o de no ser perro en los perros;
apaciguado finalmente, confirmado
en el espejo beato de su olfato crédulo.
He aquí el can ejemplar
que cree que existe por sus semejantes;
por quienes fueron, no fueron, fueron también
confusa dispersión, ávida pista, vehemente inquisición,
hallazgo y gloria;
con húmeda nariz ambulatoria,
a ijares quejumbrosos, trotaron indagando
su secreto nombre en el público olor de los sumandos;
husmeando, de piedra en árbol,
de columna en umbral y de yuyal en derrumbada rueda,
perseveraron, encontraron, fueron
la cierta, la instituida
revelación del cabal perro,
el impetrado en aspersiones, uno
que se conoce perro entre los perros.
El
tigre (Enrique Banchs)
Tornasolando el flanco a su sinuoso
paso va el tigre suave como un verso
y la ferocidad pule cual terso
topacio el ojo seco y vigoroso.
Y despereza el músculo alevoso
de los ijares, lánguido y perverso
y se recuesta lento en el disperso
otoño de las hojas. El reposo...
El reposo en la selva silenciosa.
La testa chata entre las garras finas
y el ojo fijo, impávido custodio.
Espía mientras bate con nerviosa
cola el haz de las férulas vecinas,
en reprimido acecho... así es mi odio.
Salto del ciervo (Sharon Olds)
Me encanta cuando te das vuelta
y te ponés encima mío de noche, tu peso
continuo sobre mí como toneladas de agua, mis
pulmones como una pequeña caja cerrada,
la superficie firme de tus piernas con pelos
abriendo mis piernas, mi corazón crece
hasta convertirse en un guante de box
tenso y violeta y después
a veces me encanta quedarme ahí haciendo
nada, mis poderosos brazos vencidos,
sábanas de seda flotando desde la orilla,
tu hueso púbico una pirámide
punto de apoyo de otro punto
–– radiante piedra angular. Después, en la quietud,
me encanta sentirte crecer y crecer entre
mis piernas como una planta en cámara rápida
de la misma forma en que, en el auditorio, a
oscuras, cerca del principio de nuestras vidas,
encima de nosotros, los enormes tallos y las flores
se abrían en silencio.

Salte el charco
ResponderEliminarY me encontré
Con la muerte
Habló de las ruinas
En el noroeste
Y de una cueva
Gigante sin salida
Camine hasta aquellos
Inmensos paredones
Y solo encontré
Aullidos de animales
Sonetos del tigre
Leones apareándose
Gigantes arboles
Ecos del viento
Esperando que alguien
Los escuche
Sus patas pastosas
ResponderEliminarParecen un sapo
Aplastan con fuerza
La tierra toda
Con andar pausado
Cada tanto un
Grito estridente
Pide que lo miren
Hace vibrar
El cielo la tierra
Sique pidiendo
Que lo miren
Paso a paso
Sin darse vuelta
Sigue su camino
En silencio
Trato de subir
A su lomo gris
Tersado y desde
Esa altura
Alcanzo a ver
Un paisaje árido
La noche avanza
Oscurece la selva
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarTu mirada indagando
ResponderEliminartus células al acecho.
Compañero de noche
ladero de día,
amigo inseparable
fiel, incondicional,
te alegras con mi sonrisa.
y lloras si me ves triste.
¿Acaso
necesitas palabras
para expresar lo que sientes ?.
No
solamente el oído
o el tacto
para lamer mis manos
Tu cola inquietante
expresa bienestar
o a veces la escondes
cuando te colman mis retos
Solamente vos
sostienes la mirada.
Puedo hablarte y no me juzgas.
Te reto y no cuestionas
Compañía amorosa.
Bendito el universo
que pensó en vos,
perro.
poema de Blanca durante el último taller
ResponderEliminarLa leona
Solamente la selva
el agua y yo
¿Cómo poder salvarlos ?
¿Qué hacer ?
Apenas puedo correr
estoy débil
Pero no me entregaré.
Miro
camino
intento
No puedo seguir.
Regreso despacio
me estoy acercando
escucho gruñidos
el Rey
los está almorzando.
Safari
ResponderEliminarI
Cruzamos Benín desde la costa del atlántico
hasta el límite con Burkina Faso
Fuimos al parque de la Pendjari en busca de un avistaje
tan improbable como exótico, la posibilidad de ver
elefantes en su entorno natural
a salvo de los cazadores furtivos pero no del ojo occidental
que desea ver y capturarlo todo
en un recuerdo digital para otros
yo no esperaba nada más de este país
más que volver al mío
pero en mi corazón comenzaba a gestarse
un animal de límites imprecisos que gemía
con la potencia del deseo
“quizás no vuelvas a tener otra oportunidad
para ver, oler, escuchar, temer
a esas criaturas de ficción que recorren el mundo”
-me decía
II
Encontrarse con un animal salvaje
en medio de la sabana subsahariana
es una experiencia de realidad aumentada
-como toparse a un pokémon de regreso a casa-
“un antílope salvaje ha aparecido
qué deseas hacer?
*Luchar
*Lanzar pokebola
*Huír”
III
antílope
antílope
antílope
jabalí
antílope
antílope
antílope
jabalí
antílope
antílope
perro
cocodrilo
hipopótamo
hipopótamo
hipopótamo
cocodrilo
cocodrilo
elefante
elefante
elefante
gacela
gacela
gacela
gacela
antílope
antílope
antílope
antílope
jabalí
jabalí
jabalí
antílope